en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

viernes, abril 04, 2008

Millones de civiles y prisioneros alemanes exterminados por los aliados

Víctimas alemanas de un bombardeo terrorista aliado. Según el relato oficial, a los judíos los gaseaban y luego incineraban sus cuerpos. Los civiles alemanes eran quemados vivos directamente. Suponemos que el método oligárquico resultaba más barato y "humanitario".













Hemos esbozado un cálculo aproximado -que iremos perfilando poco a poco- de los alemanes, civiles o militares desarmados, que fueron víctimas de vulneraciones de los derechos humanos en la Segunda Guerra Mundial. Las cifras resultan escalofriantes, pero todavía lo es más pensar que dichas actuaciones criminales fueron perpetradas por potencias que decían luchar contra la maldad del nazismo en nombre de unos valores que la ideología fascista habría vulnerado.
 
A la vista de lo sucedido, me resulta difícil de creer.

En primer lugar, 1.100.000 de civiles alemanes exterminados en bombardeos planificados a tal efecto por la sofisticada tecnología crematoria, constantemente "mejorada" a lo largo de la guerra, de la aviación inglesa. En resumen: !quemar vivos a mujeres, ancianos y niños!

Este plan estratégico, denominado "bombardeo moral", tenía la supuesta finalidad de provocar en el pueblo alemán una reacción de rebelión contra el régimen nazi, pero cuando se comprobó que el resultado era el contrario, siendo así que difícilmente se podía justificar la causa aliada amparándola en semejantes métodos, los ataques aéreos incendiarios contra la gente común y corriente prosiguieron incluso hasta después de que el ejército alemán, prácticamente derrotado, no presentara ya una resistencia digna de ese nombre (por ejemplo, en el ataque aéreo a Pfüllingen). Conviene añadir que el plan británico fijaba como norte exterminar a 15.000.000 de alemanes y comenzó perpetrarse en mayo de 1940, es decir, antes de que pueda hablarse en algún sentido de un holocausto judío a manos del Tercer Reich.

Más de 12.000.000 de civiles alemanes de los territorios del Este, es decir, Prusia, Silesia y Pomerania, fueron sometidos a limpieza étnica, calificada según la legislación internacional vigente de crimen contra la humanidad. Territorios de Alemania que, como los Sudetes, Prusia Oriental, Silesia y Pomerania, pasaron a incorporarse, sin mediar tratado alguno, y a guisa de botín de guerra, a la URSS, Polonia y Checoslovaquia.

Unos 2.500.000 de civiles alemanes resultaron exterminados como consecuencia de dicho proceso de limpieza étnica.

Alrededor de 800.000 militares alemanes desarmados murieron, por hambre, enfermedades y malos tratos, en los campos de concentración norteamericanos y franceses después de la Segunda Guerra Mundial. El comportamiento alemán con los prisioneros ingleses, norteamericanos y franceses -no así en el caso de los rusos y de los judíos, entre otras minorías- respetó empero, en todo momento y con contadas excepciones, las normas de la Convención de Ginebra.

En torno a 1.500.000 de militares alemanes desarmados perecieron de la misma manera en los campos de concentración soviéticos.

De los 2 millones de mujeres alemanas violadas, 200.000 murieron a consecuencia de la violencia sexual perpetrada por el Ejército Rojo de forma sistemática.

Unos 80.000 civiles alemanes fueron exterminados en campos de concentración de posguerra regentados por gentes como Salomón Morel, es decir, ex prisioneros judíos de campos alemanes.

A estas cifras hay que sumar los ciudadanos soviéticos de etnia germana, completamente ajenos al nazismo, deportados a Siberia por Stalin, así como las minorías germanohablantes en países de Europa oriental: Hungría, Rumanía y Yugoeslavia, objeto también de todo tipo de atrocidades después de la guerra. Las minorías étnicas alemanas, unos tres millones de personas, fueron, en efecto, también expulsados, pereciendo en medio de tales fechorías unos 1.300.000 civiles inocentes.

Por si fuera poco, entre 4 y 8 millones de alemanes murieron de inanición a partir del año 1945 como consecuencia de la deliberada política de castigo -de la cual conocemos al autor intelectual: el banquero norteamericano Henry Morgenthau- impuesta por los aliados a la nación vencida. En total, tenemos como poco 8 millones de alemanes exterminados fuera de las operaciones militares por los valientes y simpáticos cruzados del humanismo cristiano, la democracia y el socialismo que aparecen en las películas de Hollywood mascando chicle o bebiendo vodka.

Semejantes cifras pueden, empero, alcanzar hasta los 13 millones de muertos, sin contar los desplazados forzosos ya mencionados (en total, 25 millones de alemanes afectados por vulneraciones de los derechos humanos), de manera que la cantidad mínima de "ocho millones" no es producto de exageración alguna, sino una estimación muy moderada y computada a la baja.

De estos alemanes nada se sabe, no se han rodado en Hollywood películas sobre el tema y sólo poco a poco empezamos a tener noticia del escándalo a través de libros e investigaciones de heroicos historiadores que son automáticamente estigmatizados por el sistema demoliberal, todo ello en nombre de la ideología antifascista, la misma que justificó este auténtico "holocausto olvidado" y que sigue vigente so pena de excomunión social en los pomposamente autodenominados países libres.

Conviene recordar que el fascismo originario, el régimen de Mussolini -el único que puede de forma rigurosa ser calificado de fascista-, no fue, en general, genocida: 25 son las penas de muerte que, tras un juicio en regla, se aplicaron a terroristas eslavos en los veinte años que duró la existencia del Estado fascista. En cuanto a la brutalidad italiana en las guerras coloniales, tampoco superó la de las potencias occidentales que habíanle servido de modelo a Mussolini. El único episodio verdaderamente genocida es la masacre de 40.000 cirenaicos en Libia, pero la historia de los Estados Unidos está literalmente repleta de hechos como éste y no parece que este país haya renunciado por ello a su orgullo nacional ni a una vanidosa y ridícula creencia en su propia santidad. Más que violencia estrictamente fascista, tenemos en el genocidio de los cirenaicos el ejemplo de unas pautas de conducta arquetípicas del colonialismo que vienen precedidas por siglos de genocidios y esclavismo, actos de opresión masiva y sistemática legitimados por una ideología racial-imperialista, capitalista y liberal en los países "bárbaros", hecho que los fascistas se limitan aquí a reproducir.
 
Por otro lado, muchos fascistas ampararon a los judíos perseguidos por la Gestapo, pues esta minoría estaba sobrerrepresentada -respecto a su porcentaje dentro de la población total italiana- en el propio partido fascista. Pensemos que sólo ETA ha asesinado a más de 1000 personas inocentes por motivos "revolucionarios" y "antifascistas", ya sea de un tiro en la nuca, ya mediante artefactos explosivos., no obstante lo cual a sus cómplices abertzales sólo se les reclama "condenar" los atentados etarras para poder reincorporarse a la "vida democrática". Los crímenes del nazismo, sean cuales fueren, jamás justificarán las matanzas de civiles indefensos. Los sedicentes defensores de la democracia, el progreso y los derechos humanos no pueden haber cometido tales atrocidades, impunes y enterradas en el olvido, cuando no lastradas por el tabú o la persecución judicial ("banalización del holocausto"), como si las víctimas del antifascismo nunca hubieran existido; y, sin embargo, hete aquí la triste verdad. Por lo tanto, tenemos, como poco, el derecho de cuestionar, por principio, todo aquello que nos hayan contado hasta la fecha en materia de relato histórico.

La filosofía -la duda metódica cartesiana, la pregunta socrática, la crítica kantiana, la reducción fenomenológica, la hermenéutica del sentido, la genealogía nietzscheana- debe romper su cobarde silencio ante esta deformación monstruosa de la conciencia humana amparada por la propaganda oligárquica. El futuro de la ilustración y, por ende, los valores de una genuina sociedad democrática, dependen de que la figura heroica del filósofo no desaparezca.

Jaume Farrerons
La Marca Hispánica
4 de abril de 2008
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