en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

lunes, marzo 30, 2009

El deber moral de contextualizar el holocausto


Aunque la persecución literalmente bestial que sufren los revisionistas no tiene justificación en un Estado de Derecho, negar que el holocausto existió, es decir, que los judíos europeos fueron perseguidos, maltratados y asesinados hasta perecer por millones, resultaría absurdo. No todos los revisionistas sostienen, empero, las mismas tesis, y la idea de que su postura consiste en la simple negación de la existencia de campos de concentración y crímenes nazis distorsiona mucho su trabajo. Primero hay que conocer lo que dicen, e invito a hacerlo, luego es necesario juzgar sus limitaciones cuando, por poner un ejemplo, los llamados "negacionistas puros" -que no son los que niegan los Konzentrationsläger, sino la verificabilidad de un plan estatal de exterminio- no son capaces de responder ante la presunta evidencia de ciertos testimonios, como las Memorias (véase págs. 274-276 del enlace) de Eichmann, redactadas en el exilio argentino, o los Diarios de Goebbels.  En éstos, por ejemplo, tendríamos quizá una prueba de la intención nacionalsocialista de asesinar a buena parte de la población hebrea de Europa:
 
"El Führer ha vuelto a expresar su determinación de eliminar sin piedad a los judíos de Europa. Debe desaparecer todo sentimentalismo remilgado. Los judíos son los que han provocado la catástrofe que se les avecina. Su destrucción irá unida a la destrucción de nuestros enemigos. Debemos acelerar este proceso sin piedad." Diario de Goebbels, 14 de febrero de 1942.

"El procedimiento es más bien bárbaro, y no lo detallaré aquí. No quedará mucho de los judíos. En cifras generales, se puede decir que alrededor del sesenta por cien de ellos será liquidado, mientras que sólo el cuarenta se salvará para ser utilizado como mano de obra." Diario de Goebbels, 27 de marzo de 1942.

Este diario fue encontrado por David Irving, un revisionista, en los archivos de Moscú después de la caída del comunismo. Los argumentos revisionistas son en este caso un tanto endebles. Tendremos que examinar la versión de Ingrid Weckert. Conviene subrayar que recabar pruebas incontestables de un proyecto nazi de genocidio de los judíos resulta difícil, y aun hoy la polémica sigue abierta. Por lo que respecta a los diarios de Goebbels, existe una parte escrita a mano, de credibilidad incuestionable, pero la otra está escrita a máquina, y es en ésta en la que aparecen las mencionadas entradas. Sobre la autenticidad de las mismas existen, por tanto, dudas y al parecer ningún historiador se ha pronunciado sobre el tema. Desde el punto de vista jurídico, la carga de la prueba debería recaer sobre quienes afirman que dichos textos deben ser aceptados como piezas de convicción documental inculpatoria si no fuera porque en el caso del nazismo los principios jurídicos no se acostumbran a respetar. Pero si, teniendo en cuenta el odio y los enormes intereses que despierta la cuestión de "Auschwitz", ningún historiador se atreve, después de la "metida de pata" de Trevor-Ropper con los presuntos diarios de Hitler, a pronunciarse sobre los de Goebbels, entonces cabría abrigar serias dudas sobre la validez de las mencionadas "pruebas" de un proyecto planificado de genocidio. Por lo demás, no otra es la situación general que caracteriza a los "estudios sobre el Holocausto".  Veamos cuál es la tesis del investigador judío norteamericano Daniel Goldhagen:

"suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en las cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala. (...) Existe una creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir las cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar a los judíos. (...) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período"(Goldhagen, D., Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto, Madrid, Taurus, 4ª edición, 2003, págs. 29-39).

Se trata de unas afirmaciones apabullantes en boca de alguien, el autor de Los verdugos voluntarios de Hitler, que no puede ser considerado en serio sospechoso de filofascismo. Por lo tanto, hemos de aceptar el hecho de la persecución nazi de los judíos. Las Memorias de Eichmann, ya citadas, han sido convalidadas nada menos que por David Irving, lo que podría a su vez, indirectamente, dar credibilidad a las entradas de los Diarios de Goebbels.  La existencia del holocausto está pues, en líneas generales, demostrada. Otra cosa es el relato que se ha construido alrededor de ese factum, es decir, la interpretación que se ha dado de los datos fidedignos -sean cuales fueren- que podamos aceptar como tales, así como la importancia relativa de los mismos en el contexto histórico general, la historia universal del antisemitismo, la situación de Alemania durante la guerra, etcétera. En suma, sabiendo lo que sabemos hoy -y seguiremos hablando de ello- sobre el carácter ultraderechista, racista y criminal de la política de Tel Aviv, se impone la contextualización del holocausto como imperativo moral.

La narración de "el Holocausto" (Finkelstein) se ha convertido en la ideología mundial del poder vigente, pero ya hemos visto que dicho discurso political correctness ha servido y sigue sirviendo, en primer lugar, para dejar en la impunidad los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos por los comunistas y los aliados occidentales; en segundo lugar, dicha "ideología del Holocausto" constituye la patente de corso ética que justifica las actuaciones racistas, supremacistas, colonialistas y genocidas del Estado de Israel en Palestina. Para muchos, ha sido una sorpresa descubrir que los herederos políticos de las víctimas perpetran el mismo tipo de fechorías que las reflejadas en las "películas" que Hollywood -el centro de propaganda sionista más poderoso del mundo- pone regularmente en circulación para fomentar las simpatías filosionistas de la opinión pública democrática.

Dicha ideología oligárquica es actualmente, en consecuencia, un instrumento necesario del crimen de Estado y debe ser criticada sin que ello suponga alimentar el antisemitismo -del que se nutre el sionismo, es decir, la extrema derecha judía, para justificar sus propias atrocidades-, negar las culpas del nazismo -pero sólo para determinarlas hasta allí donde realmente lleguen- o legitimar cualquier forma de racismo y de totalitarismo político. Ante la democracia y los derechos humanos, todas las víctimas de un genocidio deben ser iguales.

Revisado tras las aportaciones de los usuarios y especialmente de Jackobs en 25/3/2011.

La Marca Hispánica
30 de marzo de 2009

domingo, marzo 15, 2009

Primer y segundo argumentos contra la existencia de Dios

Si Dios existiera la crítica resultaría superflua. Por este motivo, el primer deber del crítico consiste en demostrar la inexistencia de Dios. Cuando esto no ocurre, la cultura ilustrada anda coja y se convierte en pábulo de la creencia, de aquéllo que representa la negación pura y simple de la razón, es decir, el rechazo de una verdad llevada hasta sus últimas consecuencias, que es de lo que se trata. Los progresistas, burgueses o marxistas, aceptan incluir en el lote iluminista los valores morales de sustentación teológica porque prometen un final de la historia agradable. Nosotros, no. Y son ellos los que hacen trampa.
Matemos, pues, al dios déspota y con él a la derechona corrupta en su esencia, que es la moralidad hipócrita de las "ideas modernas", es decir, del burgués progresista en sus diferentes tonalidades (que van del liberalismo al marxismo, pasando por el anarquismo de barriada lumpen).

Los argumentos que vienen a continuación no se refieren, por tanto, a "dios" en general, y mucho menos a la noción de lo sagrado, ni siquiera a la figura de Jesús (sobre la que habría mucho de qué hablar), sino al dios monoteísta que se encuentra en la raíz de la intolerancia y que nutre y constituye también, en su forma ya secularizada, el conjunto de creencias en la "humanidad", en el "final de la historia" (=reino de Dios, comunismo, utopía, profecía, etc.) que dan sustancia a la izquierda totalitaria moderna.

El acontecimiento se produjo el 13 de febrero de 2009 en un hilo del foro Comunidad de Diálogo y fue un acto de refutación lógica perpetrado por un usuario "fascista" que prefiere quedar en el anonimato, dada la enormidad de su crimen.

El argumento es el siguiente:

La resistencia subyace a la propia determinación de todo ente, que es esto y, necesariamente, no aquéllo otro. Su ser mismo supone una definición, la cual pone término o fin, como la propia palabra indica. Este acto de finitización fundamenta la unidad del significado. No ser aquéllo equivale a un "no poder", lo contrario significaría que el ente es A y no-A al mismo tiempo y en el mismo sentido. El "no" de la determinación es el límite, la resistencia o "coeficiente de necesidad" que constituye el ser del ente. Esto vale también para un ente omnipotente que es esencialmente lo que es y no puede dejar de serlo, luego, ipso facto, no es omnipotente per definitionem.
¿Está Dios por encima de las leyes lógicas? Ésta es la cuestión. ¿Es "capaz" Dios de "lograr" de alguna manera que A sea no-A o que 2X2=6? Si no pudiera, no sería omnipotente.
La verdad de Dios, su propia existencia, depende, en primer lugar, de la validez de la verdad en cuanto tal. Si Dios existe, "es verdad" que existe y hay una verdad.
En efecto, si Dios pudiese vulnerar la verdad en su sentido ontológico, entonces Dios existiría y no existiría al mismo tiempo, puesto que la verdad ya no sería más que el resultado aleatorio de un puro capricho, deseo o pretensión arbitraria ayuna de fundamento (!!!en eso consiste precisamente la fe!!!). Pero en tanto que Dios haya de ser (la) verdad, no puede concebirse como omnipotente frente a ella y, por lo tanto, Dios, al igual que el círculo cuadrado, no existe, ni "llegará a existir" (Teilhard) jamás: estamos ante una contradictio in adjectio, un "cortocircuito" lógico-ontológico o imposibilidad de principio (Q.e.d., quod erat demonstrandum, que era lo que se quería demostrar).
Todo argumento que se esgrima para demostrar la existencia de Dios, en tanto que se pretenda verdadero, demuestra lo contrario, a saber, la inexistencia de Dios. O sea, que si no es verdadero, es falso y Dios no existe; y si se quiere verdadero, entonces es también falso, de suerte que en cualquier caso Dios no existe.
El acto fundacional del heroísmo es una decisión radicalmente espiritual de sometimiento a la verdad, y la verdad del heroísmo es aquélla que lo constituye en su esencia, a saber, la muerte, en virtud de la cual puede darse algo así como un sacrificio y por ende la posibilidad misma del proceder heroico.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
15 de marzo de 2009
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