en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

miércoles, abril 28, 2010

¿Qué es filosofía?

 
Vamos a intentar convertir este blog en una vía de acceso a la filosofía de Heidegger, tan difícil de comprender -según se dice- y, al mismo tiempo, tan necesaria si uno pretende ejercer de forma responsable la crítica racional de la actual sociedad globalizada.

Vivimos tiempos decisivos en los que irremediablemente va a determinarse el destino de la humanidad entera. Esta es una experiencia nueva, pues hasta hoy la decadencia, la degeneración,  la corrupción y los errores políticos de consecuencias macrosociales, afectaban a una o más culturas, pero siempre quedaba la posibilidad de que otra cultura emprendiera desde "cero" un camino nuevo en el extremo opuesto del planeta.

Se terminó. La mundialización convierte la actual forma de vida en una lacra que va a comprometer, de manera irreversible, al hombre como tal. No hay camino de retorno ni recambio moral para occidente que no surja del interior del occidente mismo y, en cierta forma, contra él.

Es, por tanto, nuestro deber bucear en las fuentes más prístinas del pensamiento a fin de legitimar las actitudes, ideas y disposiciones básicas que nos puedan guiar en la lucha contra la gran plaga llamada mundialización, último hombre, sionismo, sociedad de consumo, americanización de la Tierra...

Heidegger es el filósofo más importante del siglo XX, época en la que se gestó el sistema de dominación vigente, y un crítico implacable de los procesos de descomposición descritos. El gran filósofo alemán estuvo políticamente comprometido con aquellos que más se opusieron a este dispositivo, con los derrotados, con los "fascistas"... !Su "nazismo", del que nunca renegó Heidegger a pesar de cuestionar radicalmente los dogmas del partido hitleriano, se ha convertido con el tiempo, curiosamente, en una garantía de honestidad! Y a medida que transcurren los años y nos damos cuenta de quiénes son en realidad "los vencedores" de 1945, más prestigio gana Heidegger, una legitimidad favorecida asimismo por las constantes campañas de difamación que emprenden escritorzuelos semianalfabetos pseudo filosóficos a sueldo del sionismo. No es, por lo tanto, Heidegger, sospechoso de colaborar con quienes, criminales, corruptos e incompetentes, gobiernan el mundo en la actualidad. A pesar de ello, o quizá precisamente por ello, Heidegger es el único filósofo en el que la filosofía, el pensamiento, se mantiene vivo. Nuestro pensador encarna la figura del disidente por excelencia. Y el "heideggerianismo" está destinado a ser la escuela donde se fragüen los futuros cuadros políticos en la inminente batalla por la des-americanización de Europa, por la destrucción del sistema liberal, por la erradicación de la organización asesina denominada "Estado de Israel", etcétera. Entender lo que Heidegger tiene que decirnos resulta, en definitiva, esencial.


La pregunta que interroga por el ser

Después de 30 años de trabajo dedicados al estudio de Heidegger, hemos pensado que, a pesar de nuestras limitadas capacidades (que compensamos a base de esfuerzo), este blog puede constituirse en una suerte de Cátedra Virtual On Line donde exponer unas "lecciones de filosofía" que difícilmente haría suyas ninguna universidad oficial.

Ahora bien, para echar raíces a la vera de Heidegger es menester vagabundear antes por otros lugares. No se puede leer Ser y tiempo (1927),  la obra capital del filósofo de la Selva Negra, igual que se lee una novela, es decir, sin preparación previa, pues de lo contrario seguramente no entenderíamos el mensaje. Nadie cree que pueda comprender un tratado de matemáticas o de mecánica cuántica sin otro bagaje que su inteligencia y el propio afán de saber. No obstante, resulta muy corriente la pretensión vulgar del que, no entendiendo nada de un filósofo, considera que no hay nada que entender, simplemente porque ignora el significado del vocabulario técnico de la obra en cuestión. O peor: cree entender, pero lo ha malentendido todo.

En consecuencia, antes de entrar en la lectura de Ser y tiempo y de las Contribuciones a la filosofía (1936-1939), las dos obras más importantes de Heidegger, daremos un rodeo por la filosofía general, aunque, lo subrayo, sólo el imprescindible para centrarnos en la materia a un nivel meramente "introductorio". No pretendo, desde aquí, agotar el tema de Heidegger, sino sólo ofrecer unas herramientas conceptuales que faciliten el acceso a su lectura directa. Nadie podrá ahorrarse el esfuerzo de beber directamente de la obra del filósofo consultando este blog, pero sí cabe esperar que el recurso a nuestras "lecciones virtuales" acelere el proceso de comprensión y asimilación.

En el presente post me limitaré a ofrecer una "definición" muy sencilla y pedagógica de lo que es la filosofia. Una vez más, conviene aclarar que con ella no aspiramos a zanjar la cuestión, porque la respuesta a la pregunta que encabeza el presente artículo se confunde con la filosofía misma, de manera que resultaría pretencioso abrigar aquí una ambición teórica, antes bien, nos limitamos a encauzar al lector saliendo al paso de los errores más groseros y típicos de quienes se aproximan a la filosofía por primera vez, esperando, quizá, recibir algo que la filosofía no es capaz de ofrecer sin incurrir en irresponsabilidad intelectual. O de quienes, en el extremo opuesto, pretenden castrar la filosofía y convertirla en una mera disciplina semántica orientada a reconducir el significado del vocabulario de la metafísica a su sentido natural y cotidiano, es decir, a suprimir la problemática filosófica como tal en beneficio de un chato utilitarismo hedonista de señoras de la limpieza.

Nuestra definición "provisional" y "pedagógica" de filosofía es la siguiente:

1/ la ciencia empírica aplica la racionalidad instrumental o de medios a objetos y ámbitos temáticos concretos, pero no puede responder a cuestiones como el sentido de la existencia o a las preguntas fundamentales que, en cuanto seres mortales, más nos importan:

¿adónde vamos?

¿de dónde venimos?

¿qué debemos hacer con nuestra vida?

¿qué podemos esperar?

Este horizonte "trascendente" escapa a las pretensiones de la ciencia empírico-positiva; y toda ciencia que intente responderlas en calidad de ciencia incurre en fraude (una forma de actuar que se detecta muy a menudo entre buena parte de los psicólogos actuales, enemigos gremiales y viscerales de la filosofía, cuyo espacio social pretenden colonizar).

La racionalidad instrumental justifica y fundamenta racionalmente, es decir, nos explica, lo que hemos de hacer si pretendemos alcanzar un determinado objetivo, pero la legitimación racional de ese fin, o sea: de la elección misma, queda librada a nuestro antojo. Y cuando preguntamos por qué precisamente ese fin y no otro (!es nuestra vida, y sólo tenemos una!), la ciencia calla o parlotea.

Toda ciencia empírico-positiva es ciencia de hechos. Aquéllo que "debamos" hacer o no hacer no es un "hecho" y escapa así a su competencia jurisdiccional. El deber o el querer pertecece a las normas, a la voluntad, al deseo, etc., nunca a la ciencia. Cuando un psicólogo nos explica a cambio de dinero lo que tenemos que hacer, parte del supuesto de que, para ser felices, nos hemos de adaptar al medio, cualquiera que éste sea. El psicólogo sólo puede ofrecernos algún consejo dando por descontado que pretendemos "el bienestar" y que, para ello, mejor evitar conflictos con nuestro entorno. Las claves "morales" (!nunca justificadas!) del psicólogo son la "felicidad" y la "adaptación" del "cliente". Pero, a efectos filosóficos, este "consejo" equivale a una manipulación más o menos bienintencionada (en ocasiones, perversa), pues quien pregunta qué debe hacer en un sentido absoluto acepta la posibilidad de que ese deber excluya la felicidad y, por ende, la "conformidad" con el medio social. La filosofía es, en definitiva, peligrosa, porque fabrica revolucionarios dispuestos a todo. Incluso a morir, si es necesario.

2/ la religión intenta responder también a dichas preguntas trascendentales, pero renuncia a la racionalidad y se "basa" en la fe, en la "revelación", para dar un sentido a la existencia, léase: a nuestro "ser ahí" (Dasein). La definición supone que la religión, a diferencia de la ciencia, no puede en cuanto tal fundamentar nada, ni siquiera los imperativos hipotéticos de la psicología clínica o del resto de las tecnologías y que, cuando lo pretende, hace trampa. Además, las religiones monoteístas, que son las mayoritarias, acostumbran a utilizar esta "patente de corso" fideísta para:

a/ convertir la respuesta a las cuestiones existenciales fundamentales en meras satisfacciones imaginarias e infantiles de los deseos del hombre, obteniendo a cambio de ello el disfrute de un asfixiante poder económico y político sobre la sociedad;

b/ presentar estas respuestas pueriles y fantasiosas como cuestión de racionalidad, con lo cual prostituyen la razón misma y mantienen encadenada la humanidad a una permanente minoría de edad cuya expresión secularizada es el irresponsable consumismo actual, práctica vital de unos seres "adultos" que nunca llegaron a madurar espiritualmente.  

La religión y la psicología intentan llegar al mismo sitio por diferentes caminos. En ambos casos la racionalidad está trucada por postulados, por supuestos gratuitos pero cómodos que excluyen la radicalidad de la pregunta "¿qué debo hacer?" Al filósofo no le importa la felicidad ni la salvación, sino sólo saber qué es "real" y actuar en consecuencia. Desde todos los puntos de vista, para nuestra actual sociedad de blandengues buscadores egolátricos de la "dicha", la filosofía es una institución "fascista".

3/ la filosofía representa el intento de dar una respuesta a las "preguntas fundamentales" citadas y a la cuestión del sentido de la existencia, pero siempre desde la razón y rechazando toda intromisión religiosa o pseudo científica (psicología). Cabe entonces, hablar de una racionalidad de fines últimos (axiológica) cuyo punto de partida es la pregunta por la legitimidad de los fundamentos de la propia ciencia empírica en cuanto forma limitada de racionalidad, y la crítica de las religiones en la medida en que éstas transgredan sus límites aceptables (que son los de la "fe"). Ambos campos de trabajo teórico preparan el terreno a los efectos de abordar el tema central de la filosofía, a saber, la cuestión fronética ¿qué debo hacer?, entendida en un sentido absoluto, la cual conduce de forma ineluctable a lo que Heidegger denomina "la pregunta que interroga por el ser". La temática denominada "ontológica" (ya veremos lo que significa esta palabra, relacionada con el ser) se plantea qué es la verdad en cuanto tal, más allá de que este o aquel enunciado concreto sean o no verdaderos. No es una verdad "de contenido", sino la cuestión de "en qué consiste la veracidad" de aquellos enunciados válidos que emitimos y "ejecutamos" (pragmática del lenguaje) de manera habitual en nuestra vida cotidiana.

En resumen, la ciencia ofrece racionalidad pero excluye (cuando es honesta) que esa racionalidad se haga extensiva a lo más importante, léase: a los fines últimos.

Por su parte, la religión instituye unos fines últimos, pero es incapaz de fundamentarlos racionalmente y, para asegurarse la unanimidad social, simplemente hace suyos los valores biológicos de bienestar entrañados en el inconsciente colectivo (felicidad, paraíso, vida eterna, resurección de los muertos, etc) que, como especie animal, compartimos hasta con el más elemental virus.

La filosofía pretende fijar unos fines últimos (religión), pero de forma racional (ciencia). De ahí que en ocasiones, sobretodo en sus años juveniles, Heidegger hablara de una Urwissenschaft (ciencia originaria).

La filosofía, por tanto, es una "disciplina" fundamental, cuyo espacio espiritual e institucional no debe ser nunca usurpado por la ciencia ni por la religión, pero ante todo es una forma de vida que nace en Grecia y que constituye el requisito, la condición de posibilidad sine qua non de una democracia auténtica. El significado político de la filosofía resulta innegable, de ahí que sus enemigos se retraten como los mayores liberticidas. La verdad, para la elección de vida filosófica, se erige en el único valor racional a priori y, por tanto, en la sola respuesta posible a la pregunta por el sentido de la existencia, al menos en la medida en que dicha respuesta pretenda poder fundamentarse y devenir validez vinculante (libremente obligatoria, otra cosa es la coacción o la manipulación) para todos los miembros de una comunidad histórica determinada.

Ramiro Ledesma hablaba, en este sentido, de la filosofía como disciplina imperial, porque la filosofía, añadimos nosotros, funda la noción específicamente europeo-occidental de los conceptos de jerarquía y autoridad. La razón, y no la magia, que le regalamos a la extrema derecha, es aquí, en suma, la clave del asunto.

Texto completo del artículo "La filosofía, disciplina imperial", de Ramiro Ledesma Ramos, primer traductor de Heidegger y fundador del fascismo español:

http://www.ramiroledesma.com/nrevolucion/ef_1931_03.html

Escritos filosóficos de Ramiro:

http://www.ramiroledesma.com/nrevolucion/iescfilo.html

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
3 de mayo de 2010