en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

jueves, mayo 31, 2012

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (4)



"Se abandona la acción directa y se retira uno hacia posiciones más interiores."
(Julius Evola)

En la entrada anterior hemos puesto en evidencia, al menos ante cualquier persona con una capacidad intelectual normal, la impostura de Julius Evola por lo que respecta al concepto de una "Derecha auténtica", y también las consecuencias políticas que se siguen de estos "errores ideológicos".  Conviene no olvidar que, en Evola, más que simples estupideces, estas contradicciones y pueriles fraudes conceptuales son actos de mala fe con una finalidad destructiva en beneficio del atlantismo conservador. Pongamos ahora otro ejemplo de su obra más famosa, síntesis tardía del "discurso" evoliano, a saber, Cabalgar el tigre, del año 1961 (edición española de Nuevo Arte Thor, Barcelona, 1987, pp. 12-13):

Todo parece indicar que es precisamente la situación que se desarrolla en el curso de estos últimos tiempos y que tiene su epicentro en la civilización y en la sociedad occidentales, la que se ha extendido rápidamente al mundo entero, el hecho de que la época actual se encuentra colocada bajo el signo zodiacal de Acuario podría encontrar, por otra parte, una interpretación normal, referida a las aguas, en las cuales todo permanece en estado fluido e informe.

!Una interpretación normal! El uso de "normal" en la jerga de Evola no tiene desperdicio (op. cit., p. 6):

En otros libros, hemos intentado precisar cuáles eran estos valores y las categorías fundamentales e inmutables que constituyen la base de toda civilización, sociedad y organización de la existencia que se pueda calificar de normales, en el sentido superior de una significación rectora.

El subrayado en bastardilla de "normales" es del propio Evola y, como puede comprobarse por el sentido de lo que Evola entiende por una "interpretación normal", se corresponde con lo que cualquier persona en su sano juicio calificaría justamente de anormal.

Ahora ya sabemos a qué se refiere Evola cuando considera que en las "sociedades tradicionales" (que pueden ser la azteca, la china, la judía o la hindú), las cuales sírvenle de inspiración para su proyecto "político", la autoridad del estado se fundamenta en una fuerza que viene "de lo alto". ¿Qué es este "de lo alto"? No hay que dejarse impresionar por el misterio, estamos en una sesión de tarot y este vendedor de elixires (charlatán de feria) nos toma el pelo. !Evola apela, sin enrojecer de vergüenza, a conceptos tales como los signos zodiacales y la "era de Acuario"! Cuando en la entrada anterior sostuvimos que el evolianismo se reduce a la decisión de convertirse voluntariamente en un idiota, de liquidar la propia inteligencia y racionalidad (única arma de que disponemos ante el tremendo poder material del sistema oligárquico), no es éste un insulto lanzado contra Evola al calor de la polémica ideológica: se trata de la realidad pura y simple, o sea, de una verdad acreditable con la simple lectura de unas pocas páginas de sus escritos. Confieso que, una vez llegado aquí, me cuesta seguir perdiendo el tiempo con semejantes "ensayos". Si lo hacemos, será forzados por el hecho de que otros lectores no parecen capaces de distinguir entre el pensamiento serio y la payasada de un impostor; habrá que ayudarles a despertar del sueño, de la intoxicación en la que les han sumergido los servicios de información policiales con el fin de anularles políticamente para siempre.

Sobre el problema de la "inteligencia fascista" véase la entrada de Jaume Farrerons de 6 de mayo de 2008 en este blog:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2008/05/la-cumbre-del-pensamiento-en-el-siglo.html


El irracionalismo evoliano y la corrosión política interna del campo NR

Preguntémonos, una vez más, qué tipo de programa político puede ser "fundamentado" por la "ideología" (¿?) evoliana. ¿Una concepción del Estado que apele al horóscopo? Sí, y al Yoga tántrico, la alquimia, el hermetismo esotérico, la cábala, el satanismo... ¿Alguien da más? Evidentemente, los nacional-revolucionarios honestos que caen en las redes del evolianismo atraídos por conceptos nietzscheanos como "autoridad", "tipo humano superior", "jerarquía" u otros, le están haciendo sin querer el juego al enemigo, porque cualquier periodista antifascista con una cultura media puede reducir a polvo cósmico un "discurso ideológico" (o de nivel B) que recurra a semejantes sandeces. El simple hecho de citar a Evola, de colocarlo entre los doctrinarios NR, es ya una victoria para nuestros adversarios políticos. Quedamos simplemente a merced de la ridiculización, el antifascismo puede tratarnos -con toda la razón del mundo- como ineptos, perturbados mentales y hasta peligrosísimos locos a los que sería suicida entregarles las palancas del poder público pues, evidentemente, con semejantes criterios irracionales de actuación, llevarían la ruina a cualquier país moderno e industrialmente desarrollado. Serían peores incluso, estos capitostes "alternativos" de pacotilla, que los incompetentes, corruptos y criminales que actualmente nos gobiernan. Yo nunca le votaría a un evoliano y, si tengo que elegir entre Rajoy y Milá, sin duda salgo a la calle a pegar tiros en favor de Rajoy.

Cosa que no va a suceder, porque, precisamente, los evolianos trabajan, sépanlo o no, para que políticos como Rajoy puedan seguir gobernando en occidente con total tranquilidad.  En efecto, el objetivo de Evola, y de sus seguidores en España, no es otro que éste: empujar y encerrar a los NR en el rincón ultraderechista, liquidar la capacidad de razonamiento crítico de los militantes "fascistas", estigmatizar y esterilizar mentalmente a generaciones enteras de jóvenes patriotas, cretinizar hasta el mongolismo la capacidad de acción política de una virtual Oposición Nacional, pervertir los valores revolucionarios transmutándolos "mágicamente" en su contrario (la contrarrevolución "hermética", el fascismo chamánico) y, finalmente, usar de la carne de cañón "anticomunista", así reciclada en forma de picadillo "espiritual", dondequiera que se luche contra lor rojos, la izquierda, el socialismo... o (ahora que hase erigido un nuevo "eje del mal" para el complejo militar-industrial yankee) contra el islamismo radical y el terrorismo de al-Qaeda fabricados -como coartada- por el propio fundamentalismo filosionista.


Julius Evola no sería sólo, en definitiva, un autor que ha podido escribir ocasionalmente sobre la magia y el esoterismo: toda su producción está contaminada por el virus irracionalista, no hay en ella nada original (los aspectos "salvables" de sus escritos proceden, algo que está claro para cualquier licenciado en filosofía, de Nietzsche, Heidegger, Kant, Hegel y otros filósofos o autores), y aquello que es característico de Evola se reduce al mismo hediondo montón de mierda pseudo intelectual que podemos encontrar en cualquier revistilla sobre "temas misteriosos" del "más allá". ¿Era ésta la "espiritualidad de los valores" de Llopart?

Fini en Israel: Marcos Ghio le guía.
De la destra evoliana al ultraderechismo judío

Por otra parte, ¿en qué sentido cabe pretender que las doctrinas de Evola tienen algo que ver con las sociedades tradicionales a las que apela? Aquello que Evola concibe y vende como "tradición" podría en principio proceder, como ya hemos sugerido, de cualquier "tradición" (=cultura premoderna, de los pigmeos antropófagos a la Roma imperial). Pero es que además tiene Evola que seleccionar el material que le interesa entre esas tradiciones y postular una unidad de todas ellas que es una nueva versión del universalismo católico y, a la postre, liberal:

Más allá de la diversidad de sus formas históricas, el mundo de la Tradición se caracteriza por una identidad y una constancia esenciales (op. cit., p. 6).

Esta afirmación resulta simplemente insostenible (basta comparar las religiones egipcia y germánica antiguas), pero a tenor de que explota descaradamente la obscena tautología de un circulus in probando, Evola podrá desechar de las sociedades premodernas todos los elementos que él considere "no tradicionales" en nombre de un criterio postulatorio establecido  a priori. Aquello que en principio se presenta, pues, como un factum al que debemos someternos, amputada toda capacidad crítico-racional, esconde en realidad una serie de decisiones que deben permitir poner en manos de Evola, a su capricho, la determinación de qué sea o no sea "tradicional". De alguna manera, el propio Evola reconoce cuál es la situación cuando reduce esto del "tradicionalismo" a un constructo que no se apoya en realidad alguna y que, llegando hasta las últimas consecuencias del apoliticismo inherente a la "filosofía del espía", aboca a sus seguidores al autismo de una pseudo espiritualidad contemplativa de la pura existencia individual elevada a la categoría de absoluto:

Es positivo cortar todo lazo con lo que está destinado a desaparecer en más o menos breve plazo. El problema será entonces el mantener una dirección general sin apoyarse en ninguna forma dada o transmitida, comprendidas las del pasado, que son auténticamente tradicionales pero pertenecen ya a la historia. La continuidad no podrá ya ser mantenida más que, por así decirlo, sobre el plano existencial, o más precisamente, bajo la forma de una orientación íntima del ser que debería ir pareja con la mayor libertad individual de cara al exterior (op. cit., p. 9).

En suma, Evola, después de cegar a sus seguidores, que tienen prohibido usar de la racionalidad, la inteligencia y la crítica para "preguntar el porqué", los reconduce, con las orejeras puestas, a las fuentes del liberalismo, a saber, el "individuo", el "yo" y su consabida "libertad". Nada menos que un Individuo Absoluto, un ego autorreferencial "mágico", debe permitirnos "superar" el denostado "individualismo" moderno. Todo dispuesto, así, para que estos evolianos obedientes como ovejas se aferren a cualquier "autoridad" (militar, por supuesto) mínimamente sólida o "real" y vuelvan a encontrar calor, ya sea como mal menor, en la derecha conservadora; poco importa que lo hagan desde la convicción de que vivimos en las postrimerías de la edad sombría y ningún sentido entraña ya la acción en el mundo. Este hombre despolitizado pero de derechas -porque un derechismo hipostasiado, metafísico, irreductible, del significante, ayuno de contenido, será el único residuo semántico consistente que le quede entre las manos después de recorrer, hasta el mareo, los meandros del "tradicionalismo hermético"-configura el producto antropológico típico de la pedagogía "iniciática". Su destino es el que ya conocemos por la trayectoria de Gianfranco Fini. Ahora bien, hemos visto a Fini, dirigente de la destra misina educada por Evola, de rodillas pidiendo perdón y admitiendo en Israel que el fascismo encarnó "el mal absoluto". ¿Ha traicionado Fini la "ideología" della destra? No, la ha cumplido, pues la única tradición premoderna viva, y la más antigua (milenaria) que queda en Europa, es precisamente la judía. El camino coherente para el ultraderechismo europeo -católico, protestante o "tradicional"-, no puede así ser otro que aquel que, judeo-cristianismo mediante, desemboca en Sión -verdadero dueño del hemisferio occidental- para contribuir a su orquestada "lucha" contra el musulmán como antaño contribuyera a la cruzada antimoscovita. 


 

Il leader di An al primo giorno di una visita storica. Dura condanna del regime e di chi non si oppose. Fini in Israele "Il fascismo fu parte del male assoluto". "Nessuna giustificazione: un'infamia le leggi razziali". Nell'incontro con Sharon ribadisce "l'amicizia tra i due Paesi".
GERUSALEMME - Parla di un'epoca del male assoluto Gianfranco Fini. Parla di un'epoca in cui sono state votate le leggi razziali, di un'epoca in cui sei milioni di ebrei sono stati censiti, cacciati dal lavoro, dalle scuole, depredati dei beni, dei diritti civili, denunciati, perseguitati, deportati e infine mandati a morire nei lager. E in quest'epoca del male assoluto il leader di An mette anche il fascismo, compresa la repubblica di Salò. Gianfranco Fini arriva in Israele e opera un ulteriore strappo con il passato. Così esplicito Gianfranco Fini non era mai stato. Di responsabilità degli italiani nelle leggi razziali aveva già perlato in passato. Oggi si spinge oltre e per la prima volta è più preciso. Parla di "infami leggi razziali volute dal fascismo".
Lo fa mentre sul capo ha ancora posata la kippà (il tradizionale copricapo ebraico) per la visita allo Yad Vashem, il museo dell'Olocausto di Gerusalemme. E' il primo giorno di Fini in Israele, un viaggio atteso da dieci anni da quando fondò Alleanza nazionale per abbandonare l'eredità fascista e passare al partito di governo, moderato e democratico.
Non c'è per Fini "nessuna giustificazione per i carnefici di ieri". Non solo per chi uccise ma "anche per chi poteva salvare un innocente e non lo fece". E poi si devono "denunciare le pagine di vergogna che ci sono nella storia del nostro passato. Bisogna farlo per capire la ragione per cui ignavia, indifferenza, complicità e viltà fecero sì che tantissimi italiani nel 1938 nulla facessero per reagire alle infami leggi razziali volute dal fascismo".
Amos Luzzatto, presidente delle Comunità ebraiche italiane, che ha accompagnato Fini nelle visita, coglie subito lo strappo con il passato. Più forte delle altre volte. "La grossa novità - dice Luzzatto - è che abbia menzionato il termine fascismo: è la prima volta che lo fa". Più tardi in conferenza stampa il leader di An dirà ancora di più. La Repubblica Sociale di Salò rientra o no tra le pagine vergognose del nostro passato? "Rientrano certamente tutte quelle pagine relative alla discriminazione e ancor più alla persecuzione nei confronti degli ebrei e più in generale delle minoranze. E quindi certamente vi rientra anche quella pagina", risponde testualmente Fini.
Può bastare a chi chiedeva al leader di An, in occasione di questo viaggio, di declinare meglio cosa significasse per il suo partito dirsi una forza post-fascista? La robusta revisione, che sta nel solco delle cose dette a Fiuggi, poggia su un terreno di concretezza. Il leader di An incontra a Gerusalemme Ariel Sharon e le massime autorità di uno stato dilaniato dal terrorismo, che conta infinitamente sull'amicizia speciale dell'Italia, soprattutto nel semestre di Presidenza Ue. Fini non si tira indietro. Non si deve "museizzare la storia", spiega "razzismo e antisemitismo - assicura - non sono alle nostre spalle, non appartengono ad un'epoca storica chiusa, ma esistono in forme diverse e mascherate".
L'esasperato anti-israelismo, per esempio, la virulenta polemica nei confronti del governo Sharon, per Fini altro non è che "un antisemitismo mascherato da antisionismo". Perciò, spiega il vice premier "io ho cercato in questi giorni di dire parole inconfutabili sul passato per costruire il futuro". In altre parole Fini invita ad imparare dalla storia, a tramandare a tramandare la memoria e l'esempio dei "giusti".
Inizia presto la giornata del leader di An in Israele. Inziza quando fa il suo ingresso con la kippà sul capo nel complesso monumentale che ricorda le persecuzioni degli ebrei. "Bisogna far sì che mai più in futuro sia riservato, anche a un solo essere umano, ciò che il nazismo riservò all'intero popolo ebraico", lascia scritto al Museo dell'Olocausto sul libro della memoria. Poi visita il "Memoriale dei bambini", nella "Tenda del ricordo" attizza la fiamma perenne che arde per celebrare il sacrificio dei sei milioni di ebrei morti. E in loro onore ha depone una corona.
Poi la conferenza stampa, in cui la condanna del fascismo si fa ancora più decisa. E quindi l'incontro con le più alte cariche dello Stato d'Israele, il presidente Katsav, il premier Sharon, il ministro degli Esteri, Shalom, il leader dell'opposizione Peres. Incontri in cui è stata ribadita "la profonda amicizia" tra i due Paesi, si è parlato dell'Iraq, ma soprattutto della pace in Medio Oriente e di quanto il governo israeliano sta facendo per la realizzazione della Road Map. "Sharon - ha detto il vicepremier - mi ha assicurato la disponibilità a incontrare Abu Ala" che verrà anche in Italia poichè "è opportuno far comprendere la necessità di un impegno per garantire il contrasto al terrorismo".
 (24 novembre 2003)
!!!Felicidades, Ernesto!!!

miércoles, mayo 30, 2012

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (3)

No podemos continuar con esta serie de entradas sin ajustar antes las cuentas, de forma muy sumaria, con la obra de Julius Evola. Este nefasto escritorzuelo ha sido guía e instrumento de quienes, actuando como colaboracionistas policiales del sistema, han dedicado su vida a intoxicar y confundir a los jóvenes nacional-revolucionarios, hasta el punto que éstos han perdido contacto con las verdaderas fuentes de su propia ideología, socialista, confundiéndola con la extrema derecha más abyecta y reaccionaria. No olvidemos que el sistema asimila ultraderecha y fascismo (de forma fraudulenta y por motivos obvios), pero obsérvese también que la tarea de los evolianos no ha consistido en otra cosa que en remachar esta mixtificación periodística y propagandística en la mente de los propios interesados. Así, provocadores e infiltrados como Ernesto Milá Rodríguez mediante, el veneno fue inoculado desde dentro décadas atrás a las nuevas generaciones del nacionalismo revolucionario europeo. Será menester mucho tiempo y esfuerzo para poner en evidencia la impostura: los propios presuntos NR (evolianos), dirigidos siempre por el usurpador Milá  y por incompetentes ideológicos como Juan Antonio Llopart, que le hacen el juego al chivato del Cesid, pugnan en estos momentos para impedir que el proyecto nacional-revolucionario, políticamente de izquierdas, pueda resurgir en un momento crucial que constituye su última oportunidad histórica, en la cual decídese además el destino de Europa.


Derecha e izquierda en Evola

Un ejemplo que puede resultar muy instructivo a efectos de denunciar la manipulación evoliana lo encontramos en el primer capítulo de El fascismo visto desde la derecha (1964):

En las páginas que siguen nos proponemos realizar un estudio del fascismo desde el punto de vista de la Derecha, estudio que se limitará, sin embargo, a los aspectos generales del fascismo y, esencialmente, al plano de los principios. En función de este objetivo, es primeramente necesario precisar lo que entendemos por Derecha, aunque no sea una tarea fácil, ya que sin esto es imposible facilitar al lector medio, puntos de referencia que tengan una relación directa con la realidad actual, y aun menos con la historia italiana más reciente, es decir, con la historia de Italia tras su unificación como nación./ Respecto al primer punto, sería preciso decir que hoy no existe en Italia una Derecha digna de este nombre, una Derecha como fuerza política unitaria organizada y poseedora de una doctrina precisa. Lo que se llama corrientemente Derecha en las luchas políticas actuales se define menos por un contenido positivo que por una oposición general a las formas más avanzadas de la subversión y de la revolución social, formas que gravitan en torno al marxismo y al comunismo. Esta Derecha comprende además tendencias muy diversas e incluso contradictorias. Un índice significativo de la confusión de las ideas y de la pequeñez de los horizontes actuales, lo constituye el hecho de que hoy en Italia los liberales y numerosos representantes de la democracia puedan ser considerados como hombres de derecha: esto habría horrorizado a los representantes de una Derecha auténtica y tradicional, porque en la época de esta Derecha, liberalismo y democracia fueron particular y precisamente considerados como corrientes de la subversión revolucionaria, más o menos como hoy el radicalismo, el marxismo y el comunismo, tal como se presentan a los ojos de lo que se dado en llamar "partidos del orden"./ Lo que se llama la derecha en la Italia actual comprende diversas corrientes monárquicas y, sobre todo, tendencias de orientación "nacional" que intentan mantener lazos ideales con el régimen precedente, es decir, con el fascismo. Pero la diferenciación necesaria a fin de que estas tendencias puedan aparecer como representantes de una Derecha auténtica ha faltado hasta ahora. Esto además se desprenderá de las consideraciones que desarrollaremos, consideraciones destinadas a establecer una discriminación en los contenidos ideológicos del fascismo; discriminación que, para el movimiento en cuestión habrían debido representar un deber teórico y práctico indispensable, pero que, por el contrario, ha sido olvidado. / ¿Es preciso además revelar el absurdo consistente en identificar por todos los medios Derecha política y Derecha económica? La polémica de los marxistas apuesta notoria y fraudulentamente por esta identificación. Para estos últimos, la derecha, la burguesía capitalista, conservadora, "reaccionaria", tiende a defender sus intereses y privilegios, haciendo de todo uno. En nuestros escritos de carácter político, jamás hemos dejado de denunciar esta confusión insidiosa y la irresponsabilidad de los que, favoreciendo de cualquier forma esta forma de ver las cosas, ofrecen armas al adversario. ENTRE LA VERDADERA DERECHA Y LA DERECHA ECONOMICA, NO SOLO NO EXISTE IDENTIDAD ALGUNA, SINO QUE HAY INCLUSO UNA OPOSICION PRECISA. Este es uno de los puntos que serán puestos de relieve en las presentes páginas cuando hagamos alusión a las relaciones entre política y economía, tal como el fascismo intentó definirlas y tal como derivan, además, de toda verdadera doctrina tradicional del Estado.

Creemos que aquí está "todo Evola" y además en un pasaje harto ilustrativo en orden a clarificar la cuestión derechas/izquierdas. Aunque los evolianos  españoles (no así los italianos) acostumbran, en la práctica, a reafirmarse en el ninismo (ni derechas, ni izquierdas) o a cuestionar desdeñosamente que este tema pueda tener importancia alguna desde el punto de vista político práctico (lo que es falso y de ahí su secreto e indomeñable interés), la verdad es que para ellos este "ninismo" es una forma de disimular su derechismo -del que se avergüenzan- y la absurda ideologización, elevada a categoría metafísica, del vocablo "izquierda" (=mal metafísico absoluto).

En primer lugar, Evola debe admitir que el signo "derecha" se utiliza habitualmente para identificar a liberales y capitalistas. El uso de una palabra es muy importante a efectos de determinar su significado, pues no existen "significados auténticos" de los términos, sino usos que acaban convirtiéndose en normativos por decisión institucional (un diccionario oficial de la lengua). Carece de sentido hablar del significado "auténtico" de la palabra "gato", a la vez un animal y una herramienta. ¿Es más auténtico el gato-animal que el gato-herramienta? !Ociosa discusión! Imaginémonos que ahora apareciera alguien con la tesis que ni el gato-animal ni el gato-herramienta son el "gato auténtico", sino un árbol extinguido que nunca fue denominado gato por nadie excepto por la persona que sostiene esa "teoría". Pues bien, dicha pretensión sólo podría ser calificada de delirante y es exactamente la de Evola con respecto al vocablo "derecha".  

Existe una segunda razón, de carácter histórico, que enlaza con la anterior, por la que el concepto de "derecha auténtica" debe ser rechazado, y es que, para Evola, la derecha auténtica se opone a la modernidad como un bloque, pero lo cierto es que la dualidad derechas/izquierdas es una determinación política interna de la propia modernidad. En efecto, sólo puede hablarse de derecha por oposición a la izquierda, pero en el mundo premoderno no existe izquierda. En consecuencia, tampoco puede hablarse de derecha en la Edad Media. Sostener que un caballero medieval es de "derechas" comporta el absurdo de afirmar que en alguna ocasión dicho personaje "pensó" su propia identidad por oposición a unas "izquierdas". Nadie en sus cabales aceptaría semejante supuesto. Evola, sí.

En tercer lugar, "derecha" no designa contenido ideológico alguno. Otro tanto puede afirmarse respecto a su opuesto simétrico, "izquierda". De alguna manera, el mismo Evola nos ofrece los ejemplos pertinentes al caso:

(...) liberalismo y democracia fueron particular y precisamente considerados como corrientes de la subversión revolucionaria  más o menos como hoy el radicalismo, el marxismo y el comunismo (...).


En efecto, el liberalismo capitalista, la derecha político-económica actual, fue en su tiempo izquierda. Cómo ha podido el liberalismo capitalista pasar de la izquierda a la derecha si su contenido "ideológico" no ha variado, es lo que se tendría que preguntarse Evola si no fuera un cretino, pero no lo hace porque parte de una idea esencialista de derecha totalmente divorciada de la realidad, tanto por lo que respecta al lenguaje como a la historia.


¿Para qué sirve un esquema metodológico de análisis?

La solución a este enigma la encontró Jaume Farrerons ya en la época de ENSPO, y la expuso en Madrid en su conferencia "Nacional-Revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?" el 7 de noviembre de 2008. Allí distinguió Farrerons tres niveles de discurso, a saber, valores (nivel filosófico o nivel A), ideología (nivel B) y programa político (nivel C). Citaremos textualmente sus propias palabras:
En efecto, lo primero que hay que distinguir en el proyecto NR y en la política en general son tres niveles del discurso o del texto (...). Esos tres niveles son elfilosófico, el ideológico y el programático o político, que denominaremos niveles A, B y C. (…) La segunda pregunta que podemos hacernos tiene que ver con la determinación del nivel ideológico frente al filosófico y al programático. Un programa es un discurso o texto que propone medidas políticas concretas aplicables en un plazo relativamente breve de tiempo, que puede ir de los de 4 a los 10 años. En cambio, lo que a veces se ha denominado „programa máximo“sería en realidad el compendio o esquema de una ideología, que se basa en una concepción de la sociedad, del estado y de la economía, y tiene vigencia para un largo período histórico, pero también fecha de caducidad. A mi juicio, mientras que un programa se renueva como poco cada década, una ideología tiene vigencia a lo sumo para un siglo, pero no más. En cambio, el nivel filosófico es intocable, porque define los principios, los valores, la concepción del hombre. Si se modifica ese nivel, cambia todo, el proyecto político X pasa a ser el proyecto político Y, es decir, otro distinto. No así en el caso de la ideología.
Como sabemos por los posts anteriores de esta serie, en su libro ¿Qué es ser nacional-revolucionario? (2010), Llopart se apropia de la idea sin citar al autor y, lo que es todavía peor, la malinterpreta de tal modo que es incapaz de aplicarla a la temática derechas/izquierdas para la que fue expresamente concebida como metodología. Así, escribe Llopart (op. cit., p. 59):
Para sentar unas bases NR es necesario definir la noción de Valores, Ideología y Programa Político y otorgarles, así, el plano exacto de su lugar en nuestra concepción Espiritual. Si confundimos sus respectivos planos será imposible articular un discurso claro y comprensible. / VALORES. Los Valores equivalen al objeto intencional de un juicio acerca de la vida y acerca del "sentido" de ésta, es decir, aquello que nos orienta y motiva. / IDEOLOGÍA. La Ideología es el conjunto de ideas ordenadas más o menos sistemáticamente que representan una visión histórico-social, y constituyen la orientación para la acción práctica de las mismas. / PROGRAMA POLÍTICO. El programa político representa el compendio de objetivos o fines específicos que se propone realizar una organización política para asumir el gobierno. El programa constituye la base de acción de una organización política en sus aspiraciones fundamentales. Podemos concluir que la Ideología es un conjunto de ideas y el Programa un conjunto de medidas y propuestas. / Hay que afirmar categóricamente que, el programa político varía según las circunstancias propias de cada momento; la ideología puede variar únicamente, en algún aspecto concreto y determinado en función de alguna circunstancia extraordinaria, pero los Valores, aquello que "nos orienta y motiva", son inmutables, cambiar de Valores significa cambiar el sentido acerca de la vida, y consiguientemente con ello, se cambia de orientación en la Ideología y con ella el Programa Político.
Dice "si confundimos sus respectivos planos será imposible articular un discurso claro y comprensible". Cierto, pero lo primero que hace Llopart es, precisamente, confundir los planos exactamente igual que lo hace Evola, aunque en Evola se reivindica la derecha y en Llopart el ninismo (ni derechas, ni izquierdas), es decir, el derechismo maricomplejines. Tanto en uno como en otro caso el error consiste en debatir el tema derechas/izquierdas en el nivel B (ideológico), en lugar de hacerlo en el nivel C (programático político). Para Evola los términos "derecha" e "izquierda" entrañan en definitiva un contenido ideológico y, por tanto, cabe hablar de una "derecha auténtica" y de una ideología derechista (que no existe ni ha existido nunca). Para Llopart, siendo derecha e izquierda ideologías opuestas, pretende que la ideología NR se sitúa más allá de ambas, con lo cual demuestra que no ha entendido lo que él mismo publica en su libro -un resbalón que tampoco debe extrañarnos, puesto que en este punto simplemente ha plagiado a Farrerons.
¿Cuál era, en cambio, la conclusión de Farrerons?

Veámoslo: considerando que derechas e izquierdas no son conceptos ideológicos y mucho menos filosóficos, sino estratégicos y tácticos que designan una o-posición respecto del poder y una relación con la inmensa mayoría de la nación, que cambian según el contexto histórico; considerando que, en la actualidad, en nuestra particularísima situación europea, los trabajadores son los principales perjudicados por la política de inmigración liberal, el programa político NR tiene que ser necesariamente de izquierdas o de lo contrario el discurso político (nivel C), el mensaje, no llegará a sus receptores naturales. Ser de izquierdas, cuando no en vano el sistema oligárquico identifica las fuerzas opuestas a la política liberal de inmigración con la extrema derecha, implica el uso público del significante, no sólo del significado. Pues del significante se trata, en Evola, cuando intenta rescatar la palabra "derecha" llenándola con un significado nuevo, de uso privado y particular. En cambio, el empleo de la palabra "izquierda" es en la INTRA el común para aquellos ciudadanos perjudicados por las políticas oligárquicas. No es, en suma, "izquierda", un signo inventado por Jaume Farrerons, como lo es "derecha auténtica" en el caso de Evola; izquierda significa para Farrerons lo mismo que para aquellos ciudadanos: la defensa de los intereses morales y materiales de los trabajadores
En Evola, "derecha" no sólo se debate en el nivel B del discurso, o sea, en el plano de las concepciones del Estado, la economía o la sociedad, sino incluso en el nivel A, filosófico, metafísico... Tendríamos así una eterna axiología de derechas y una eterna axiología de izquierdas, una determinación existencial de valores derechista y otra izquierdista (en suma: el bien y el mal). Pero todo esto no son más que malas elucubraciones modernas de un moderno que se quiere no-moderno, pues nadie en una sociedad tradicional premoderna habría pensado jamás en esos términos, proyectando hacia arriba una categoría poco menos que sociológico-electoral hasta erigirla en categoría religiosa. Eternizar la derecha significa eternizar la izquierda mientras se afirma, por otro lado, el carácter puramente epocal (moderno) de ambos signos lingüísticos. Evola nunca salió del círculo en el que se había encerrado él mismo debido a su patente incompetencia filosófica. Y lo peor: actuando de mala fe, Evola, con la ayuda de personajes como Milá, ha extraviado en este mar de confusiones a los nacional-revolucionarios europeos, quienes, en la crítica coyuntura actual y por culpa de los evolianos, se muestran incapaces de derribar las vallas del "corralito facha" y establecer un contacto político normalizado con las masas populares de naciones ya agonizantes, menesterosas de un patriotismo social del que depende su supervivencia pura y simple.

Documentos anexos:

Conclusiones de la conferencia de Jaume Farrerons, Madrid, 7 de noviembre de 2008, "Nacional-revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?":

Por qué somos de izquierdas


La respuesta a la pregunta explícita de si los nacional-revolucionarios proponemos una alternativa de izquierdas y por qué, necesitaría más tiempo, me he limitado a resumirla de forma asaz simplificada por lo que respecta al plano estratégico, que es el que depende de la filosofía y la ideología (niveles A y B) del discurso o texto. Pasemos, por tanto, a las conclusiones.
Hemos visto, en efecto, que:


a/ desde el punto de vista de los valores, es decir, el filósofico o nivel A, el sistema, nuestro enemigo político, se define por el antifascismo, el imaginario simbólico del holocausto, la herencia religiosa judeocristiana, secularizada o explícita, y el sionismo; pero dado que la determinación filosófica última, léase: el estrato más profundo del discurso imperante, es el sionismo, podemos identificar a nuestro enemigo con la extrema derecha judía, racista, supremacista, irracionalista, religiosa y reaccionaria, en todos los sentidos que se aplican habitualmente a las doctrinas, organizaciones y consignas de esta familia política: la ultraderecha;

b/ desde el punto de vista ideológico, nivel B del discurso o texto, el sistema deja en segundo plano el sionismo, forma un bloque con los elementos simbólicos universalistas del antifascismo/holocausto y se define como liberal; la presencia del sionismo es por así decir indirecta y se infiere del trato especial dado a los judíos como víctimas, de la negativa a juzgar otros genocidios y crímenes contra la humanidad con el mismo rasero supuestamente universal de los derechos humanos, del relato, totalmente manipulado, de la persecución nazi de los judíos, que comporta una declarada falsificación de la historia, etcétera. En este plano, los elementos proféticos se manifiestan también de forma indirecta, y el fascismo aparece como infierno secularizado en exacta simetría con el proyecto de mercado mundial en cuanto heredero de las utopías de izquierda, a su vez inspiradas en el concepto escatológico de final de la historia. Pero también la derecha aparece en el nivel ideológico, porque, como hemos dicho, el liberalismo económico y la democracia liberal no son más que un fraude al servicio de oligarquías financieras mundiales y de suboligarquías locales dependientes de los centros de poder radicados en Estados Unidos. No se trata de personas o grupos distintos de los anteriores, sino de un aspecto determinado de idéntico dispositivo de dominación. Son las oligarquías liberales las que promueven el proyecto de mercado mundial, y son esas mismas oligarquías las que sostienen la idea cristiana del final de la historia, oriunda del judaísmo. En este sentido, todas las oligarquías trabajan, conscientemente o no, para la oligarquía central sionista que controla los Estados Unidos, brazo político, propagandístico y militar de la ideología del holocausto.

c/ Desde el punto de vista estratégico y táctico, el sistema se manifiesta en la política liberal de inmigración, que se presenta como una consecuencia técnica más del proyecto de liberalización mundial del mercado en cuanto exigencia de la libre circulación de la mano de obra, pero que, en realidad, viene cargada de los correspondientes propósitos ideológicos y filosóficos subyacentes, motivo por el cual el sistema, encarnado por las agencias nacionales y locales que deben gestionar un mandato doctrinal que viene de muy lejos, están dispuestas a soportar el desgaste político y electoral que sea necesario para realizar el programa multicultural, ignorando las protestas de la población europea y sometiendo a los individuos a un constante lavado de cerebro que consiste en: 1/ identificar todo rechazo de la inmigración con la extrema derecha, dando visibilidad mediática a ciertas siglas de este sector para que la previsión se cumpla y los ciudadanos más activos y revoltosos queden estigmatizados por „contacto“ con tales organizaciones, las cuales, por su parte, deben aceptar a cambio de dicha publicidad gratuita que se les imputen auténticos delitos, como el del racismo y xenofobia, de manera que operen como válvulas de seguridad para aliviar la presión popular, pero con un techo electoral preestablecido por la propia naturaleza de la etiqueta ultra, a saber, un estigma que implica que la crítica a la política de inmigración equivale a reivindicar a la ultraderecha, al racismo/xenofobia, al nazismo, a Auschwitz, al infierno secularizado y por tanto al mal absoluto; 2/ desarrollar una constante campaña de sensibilización, con imágenes de muertos en las pateras, de la dureza de la vida en África, de la bondad del inmigrante, el cual, y es cierto, sólo viene a trabajar y a ser feliz, como nosotros mismos, etcétera. El esfuerzo propagandístico dedicado a tales temas en los medios de comunicación públicos y privados se puede medir con el reloj en la mano y alcanza más del 75% del tiempo de emisión en forma de noticias, documentales, películas, entrevistas, etcétera. La finalidad de esta campaña inagotable de lloriqueo humanitario (promovida por auténticas bestias asesinas sin ninguna clase de sensibilidad moral, como hemos visto), complementaria con la campaña de difamación comentada en el punto anterior, es desarmar moralmente a los trabajadores, principales perjudicados por la actual política de inmigración, usando contra ellos de los símbolos y consignas solidarias que la tradición europea de lucha obrera y sindical ha forjado a lo largo de dos siglos.



En el plano estratégico y táctico del movimiento NR, qué duda cabe que volvemos a toparnos con la derecha. Es, en efecto, la derecha económica y sociológica, de religión cristiana o progresista cristianomorfa mundial, la que ha promovido la entrada masiva de inmigrantes como mano de obra barata en un momento en que las políticas laborales y de vivienda de esa misma derecha habían provocado una caida masiva de la tasas de natalidad, factum que amenazaba con un encarecimiento del precio del trabajo. El hundimiento del comunismo dio el pistoletazo de salida a un ataque generalizado contra los derechos adquiridos de la clase obrera europea, la cual, forzada a competir con gentes que realizan las mismas funciones laborales que ella pero a mitad de precio, tenía que aprender la lección de que su trabajo no valía nada frente a la necesidad del empresario de mantener un tren de vida digno de la oligarquía, es decir, de las personas de verdad. Por su parte, es la derecha política la que se aprovecha electoralmente del problema que la derecha económica y sociológica ha creado en beneficio propio. La inseguridad ciudadana, generada por la política incontrolada de inmigración, es así el tema preferido de los partidos conservadores. Desde luego, esos partidos, en primera instancia, no analizan las causas de la inseguridad que denuncian, y si, en una segunda instancia, empiezan a pescar en las aguas turbias de la justificada xenofobia popular, nunca reconocen que fueron ellos mismos quienes "importaron" a los inmigrantes para ampliar el margen de beneficios del capital a cosa del nivel de vida de los trabajadores. Por lo demás, ya hemos visto que la ubicación mediática de las organizaciones políticas contrarias a la inmigración en el espacio de la extrema derecha, no sólo permite mantener controladas dichas reivindicaciones supuestamente xenófobas y racistas bajo un determinado techo electoral, sino recuperar esas bolsas de electores, por el lado derecho del espectro, adoptando algunas de las propuestas que unos meses antes habían sido calificadas de nazis e incompatibles con los principios democráticos. Es el efecto Sarkozy, en virtud del cual la derecha se llena primero el bolsillo con el trabajo esclavo, para luego llenar las urnas con votos de trabajadores que no pueden apoyar en conciencia a la izquierda, pues la única opción que se les presenta contra la política de inmigración se sitúa en el campo ultraderechista y conservador, es decir, el de sus eternos verdugos sociales.

Nuestro enemigo resume, pues, todos los rasgos de la derecha, que acabo de describir: el racismo, en forma de supremacismo judío y de programa mundial de mestizaje, que también es una forma de racismo, la opresión, la corrupción, la irracionalidad, la involución histórica, la manipulación de la verdad y el genocidio. Quedan por explicar las razones tácticas, con las que concluiré esta conferencia aunque dedicándoles menos espacio, no sea que se nos acuse de reivindicar una izquierda nacional por puro oportunismo. Ya han visto que no es así, porque la estrategia emana directamente de la ideología, la cual marca una divisoria muy clara entre el campo nacional-revolucionario y su enemigo, la derecha burguesa y su tradicional partida de la porra, la extrema derecha. Pero también existen razones tácticas que nos fuerzan a actuar así, pues de ello depende la eficacia social de nuestros ideales éticos.

En efecto, por una vez, la coyuntura histórica permite hermanar estrategia y táctica adoptando el único camino que nos es dado para salvar la civilización europea de la marea de barbarie procedente de los fundamentalismos judeocristianos e islámicos, actuales dueños de la situación en una Europa acosada en dos frentes: el interior, por los políticos traidores al servicio de poderes mundiales depredadores e irracionales; el exterior, por la inmigración islámica que amenaza convertir nuestro continente en un erial religioso que erradicará los estratos grecorromanos e indoeuropeos, hoy soterrados pero aun presentes, de nuestras culturas, definidas precisamente por el compromiso al servicio de la verdad y por la pregunta que interroga por el ser (Heidegger) en cuanto fundamento de la razón.

Es la primera vez en los últimos sesenta años que se dan, pues, unas condiciones sociales objetivas favorables a una política nacional-revolucionaria. Dichas condiciones se han ido configurando a medida que la política de inmigración ha convertido nuestro continente en una inmensa zona de aculturación tercermundista que debe aproximarla lo más posible al modelo social, económico y multicultural norteamericano inspirado por en liberalismo y explotado por el racismo sionista de extrema derecha, que sueña con un mundo homogéneo, sin pueblos diferenciados que, desde una identidad propia considerada tan sagrada como la suya, ofrezcan resistencia al rodillo israelita. Este enemigo ultraderechista y racista ve en Europa, no tanto por su poder político cuanto por su herencia cultural, el principal obstáculo al proyecto de nueva utopía postmarxista a escala planetaria. Ahora bien, el tema de la inmigración ha levantado ampollas entre los principales perjudicados por el fenómeno, que no son las clases medias y altas, sino los trabajadores. He explicado ya en muchos lugares que los conceptos políticos de derecha, centro e izquierda tienen sus correlatos sociológicos en las clases altas, medias y bajas, y que un discurso crítico contra la actual política de inmigración no debe basarse en el racismo, la xenofobia y, en general, en postulados conservadores como la salvaguarda del cristianismo frente al islam. El motivo es que el mensaje crítico va dirigido a los trabajadores, mientras que las clases medias y altas se benefician de la inmigración como mano de obra barata. No podemos construir partidos de centro contra la actual política de inmigración, porque el centro pertenece a las clases medias, y carece de sentido intentar vender un producto donde no se detecta demanda alguna. En este caso, no sólo no hay demanda, sino una clara repulsión de dichos estratos pequeño burgueses hacia unos discursos, !oh, horror! neonazis que, además, privan al profesional liberal de su canguro o de su asistenta o de su criada a bajo precio. Otro tanto cabe decir de la derecha, con mayor razón cuanto que ha sido la derecha la que trafica con los inmigrantes para engrosar el "ejército laboral de reserva" (Marx) de los parados. El capitalista quiere esclavos y ya los tiene, ¿cómo vamos a pedirle que nos apoye y nos dé su voto contra aquéllo que él mismo ha provocado y le reporta tan pingües beneficios? Por tanto, el trabajador es el único destinatario de nuestro mensaje, el trabajador no cualificado o poco cualificado, intercambiable por la carne de cañón inmigrante. El obrero, el empleado, incluso el funcionario, representa a la inmensa mayoría de la nación y por ende encarna a la nación misma. Las clases medias y altas se han desterritorializado desde hace décadas, pertenecen, material y espiritualmente, al mundo globalizado que los EEUU están construyendo y su única herencia cultural, el cristianismo, refuerza tales vínculos en lugar de obstaculizarlos. Pero el trabajador es y se considera de izquierdas y ateo. A nivel táctico no podemos esperar que el trabajador adopte nuestro lenguaje, de carácter ideológico, sino que hemos de ser nosotros quienes hablemos el suyo. Y el suyo no conoce ideologías, sino sólo problemas cotidianos relativos al trabajo, al pago de la hipoteca y a la manutención y educación de los hijos. El trabajador que en estos mismos momentos engrosa las filas del paro, que pronto caerá en una pobreza que afectará al 40% de la población, ese hombre manipualdo por todos, es, empero, el depositario del futuro de Europa y, cuando la crisis toque fondo, la promesa de un nuevo socialismo. Por este motivo no podemos dudar cuando algún día nos pregunte si somos de izquierdas o derechas, diciéndole que ni una cosa ni otra o que somos de centro. No podemos esperar que de este discurso salga otra cosa que el fracaso de nuestra causa, que es también la suya, aunque quizá todavía no lo sepa. Gracias por escucharme.


Jaume Farrerons
Madrid, 7 de noviembre de 2008

martes, mayo 29, 2012

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (2)

El proceso de democratización radical es sólo el primer paso para forjar una alternativa global a la sociedad de consumo y superar los valores individualistas, materialistas y relativistas que el liberalismo impone para extender el imperio canallesco del mercado mundial. La alternativa nacional-revolucionaria a la sociedad de consumo es por tanto una propuesta de valores éticos que prioriza el interés de la sociedad, al cual se someterán los imperativos económicos y políticos, entendiendo que del bien común depende la formación integral de un nuevo tipo humano, capaz de asumir la verdad, la creación cultural y el servicio a la Nación como centro de su existencia y eje vertebrador de su personalidad.

Del Programa Político de AE (1997),  concebido y redactado por Jaume Farrerons, punto 6, que se conserva íntegro, entre muchos otros, en el Norma Programática (2008) del MSR. ¿Qué verdad?

El precepto arriba transcrito excluye el acto de mentir, siendo así que coloca "la verdad" en el centro de la existencia de ese "nuevo tipo humano", nada menos que como "eje vertebrador de su personalidad". Quienes hayan seguido hasta aquí las tres últimas entradas de la bitácora Filosofía Crítica, juzguen por sí mismos si Llopart, cuando se ostenta obscenamente a sí mismo como "portador de Valores trascendentales" (¿incluyen, esos valores, la Verdad?), ha sido fiel a los imperativos que proclama al publicar el libro ¿Qué significa ser nacional-revolucionario? (2010) y apelar en él públicamente a dichos valores. Todo indica que no. Como el resto de los políticos del sistema, Llopart se llena la boca de bonitas palabras, de promesas cuyo significado desconoce y que, en cualquier caso, no está dispuesto a cumplir. Esas contorsiones indignadas, esos rasgamientos moralizantes de vestiduras, son sólo hipocresía, fariseísmo, cínica propaganda...

Pensemos qué opinará el autor del Diccionario Pedagógico de la AMEI sobre Llopart en tanto que portador de valores trascendentales. Quienes se dedican a plagiar  pequeños fragmentos de texto creen que la cosa carece de importancia. ¿No se redactó el pasaje copiado en unos pocos minutos? ¿Para qué preocuparse, pues? Pero más que del tiempo que se tarda en escribir la frase, trátase de la vida, dinero y esfuerzo que hay que "invertir" para estar en condiciones de producirla. El autor de la entrada del Diccionario Pedagógico de la AMEI será un triste mortal, un científico típico de esa sociedad decadente descrita por Evola y no, como el dirigente del MSR, un "guerrero". Llopart "representa" (¿?) la encarnación de los valores, ideas y principios de la espiritualidad axiológica tradicional anterior al Kali Yuga. Sin embargo, fue Llopart y no el "decadente" humano democrático quien perpetró la pillería. Llopart se ahorró sudores atribuyéndose con la usurpación un saber que no posee, que no se ha ganado, que es incapaz, quizá, de adquirir pues le falta la paciencia, la perseverancia, la inteligencia... Mas ese "guerrero de pie ante un mundo en ruinas" (la ruina humana sería supuestamente el desdichado redactor del Diccionario Pedagógico) quizá actúa como un "señor" de casta con aquella suerte de desparpajo característico del ius primae noctis y, al apropiarse de las creaciones o producciones intelectuales ajenas, algo reprochable omitir criticarle a un decadente sin principios, realiza aquello que, según la doctrina de Evola, le corresponde por su castiza superioridad de nacimiento. Ya sabemos que Llopart siempre encarnó la espiritualidad axiológica NR que ahora esgrime. Vino al mundo con ella. No leyó, escuchó, ni aprendió... ÉL ya era ab initio el que es: un aristócrata enfundado en su "Lacoste"  conduciendo un coche deportivo. Tiene, pues, "derecho" a saquear la aldea de los miserables siervos de la gleba. Oscuros esclavos como Farrerons, al que el gran leader copia pero ni siquiera nombra. Los plebleyos están al servicio de la gloria que el señorito derechista merece para brillar y ser feliz. Porque tú lo vales, Llopart, aunque no tengas ni zorra idea de filosofía.

Los valores no son aquéllas palabras que uno esgrime orgullosamente para que los otros las vean, lean y admiren acto seguido al propio interesado: valores son las "importancias" (Ortega y Gasset) que subyacen en cada caso a las pautas de conducta reales del personaje, grupo o institución. Ahora podemos afirmar rotundamente, y queda demostrado por la evidencia de la fechoría cometida, cuáles son los auténticos valores de Juan Antonio Llopart Senent. Se trata de "valores espirituales" (la egolatría no es nada "material"), pero no por ello menos reprobables y contrarios a una ética de la verdad. Ahora podemos ponderar también la confianza que deberían inspirarnos las palabras de Llopart, sus declaraciones, sus compromisos: quien miente una vez, siempre cabe la posibilidad de que vuelva a hacerlo; quien comete el deshonor de apoderarse del trabajo de otros, difícilmente podrá liderar una "alternativa de valores a la sociedad de consumo" o defender los derechos de los trabajadores explotados. Como si a Farrerons no le hubiera costado trabajo concebir y redactar la conferencia "Nacional-Revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?".  Llopart ha atentado contra el sistema de valores NR; debe, si le queda algo de dignidad, dimitir como secretario general del MSR. En caso contrario, queda claro que lo suyo es pura publicidad comercial.

Martin Heidegger, maestro
de Ramiro Ledesma y Jaume Farrerons.

Más preguntas

Pero se nos plantean otras preguntas: ¿cómo justifica Llopart la pretensión de que la izquierda nacional y el nacional-revolucionario sean campos políticos distintos cuando estamos ante las formulaciones táctico-estratégica e ideológica de un mismo proyecto según el autor del programa político en que el propio Llopart se basa? ¿Ha dado Llopart alguna razón capaz de acreditar esta opinión? ¿O Llopart, endiosado, ya no se molesta en justificar sus ocurrencias, tan pagado está de su condición de "encarnación humana" de los valores NR?

¿Por qué no aplica Llopart la distinción metodológica, plagiada a Farrerons pero al parecer en absoluto comprendida, entre valores, ideología y programa político, a la clasificación de los distintos campos o sensibilidades político-doctrinales del "área"? ¿Por qué confunde dichos planos del discurso a fin de separar y oponer el proyecto nacional-revolucionario (ideología) a la izquierda nacional (programa político)? ¿Es una mezcla de incompetencia, caprichos, intereses, soberbia, rencores personales o hay algo "serio" que respalde esa actitud? Quizá un héroe guerrero, desde su atalaya moral, puede decidir que el cielo es amarillo, no azul, pero no por ello el cielo cambiará de color. La afirmación del ninismo (ni derechas, ni izquierdas) habría que razonarla. La metáfora de la herradura es muy ocurrente, pero como sucedáneo de una argumentación resulta abusiva. Además, en la conferencia de Jaume Farrerons que Llopart ha fusilado, la mencionada metodología permite concluir lo contrario, a saber, que lo NR es políticamente de izquierdas, y aporta razones coherentes con aquélla, la cual fue expresamente diseñada para legitimar esa conclusión. ¿Sería mucho pedir que Llopart se molestara en refutar a Farrerons (ya que le saquea los escritos) o se considera por encima de  trivialidades como la lógica, las argumentaciones, los fundamentos?

¿Por qué los valores, que Llopart ha aceptado como fundamento del proyecto NR todo, sólo ocupan un espacio ridículo en el libro ¿Qué significa ser nacional-revolucionario??

¿Por qué en la norma programática (2008) del MSR se conservan las referencias a los valores del programa político de AE (elaborado por Farrerons) mientras, al mismo tiempo, en otros pasajes cruciales, se sustituye el término "verdad racional" por "espiritualidad" o "pensamiento tradicional"? ¿Cree Llopart que se pueden incrustar gratuitamente estas cuñas semánticas incongruentes en un texto que tiene su propia necesidad interna, su forzoso despliegue lógico desde los valores a la ideología y de la ideología a las propuestas concretas de acción?

Éstas son algunas de las preguntas que iremos planteando a fin de demostrar, de forma acreditada, que Llopart ha mantenido la carcasa del programa político de AE pero sólo para rellenarla con la materia infecta y reaccionaria del escritor ultraderechista (y colaborador de la red Gladio) Julius Evola, un personaje cuyo principal apologista en España ha sido siempre el informador del Cesid Ernesto Milá Rodríguez. El pacto entre España 2000 y el MSR, la famosa foto de la vergüenza, no fue más que la consecuencia lógica de un proceso que empezó con el abandono de aquéllo para lo cual había sido constituida Alternativa Europea (AE), el MSR y Ediciones Nueva República (ENR) a finales del siglo pasado. En lugar de dar el salto a la izquierda nacional, es decir, a los orígenes revolucionarios del "socialismo nacional", hazaña que en estos momentos permitiría al MSR confluir con el movimiento de los indignados, retrocedió Llopart a las posiciones que en los años setenta y ochenta oponían el reaccionarismo "pagano" de Evola al reaccionarismo católico del franquismo, y caracterizaban lo "Nacional-Revolucionario" como una negación expresa de la Revolución Francesa y la Ilustración en cuanto cultura racional. No otro es el significado de la Cruz Céltica y la definición de "revolución" por parte del evoliano Milá: la desvergonzada apología del Antiguo Régimen, el rechazo de la ciencia, del socialismo y de la modernización, la defensa abierta de cosas como la magia o el esoterismo y, en definitiva, un oxidado baúl de ideas-fósil que incluye desde las pelucas empolvadas llenas de piojos al irracionalismo epiléptico del chamán. Para entender cómo el propio Evola definió su "ideología" hiperreaccionaria en abierta oposición a un fascismo ya derechizado, al que este repugnante aristócrata con monóculo calificaba empero de excesivamente izquierdista para su gusto, basta leer El fascismo visto desde la derecha. En cuanto a las "consecuencias" de semejante delirio doctrinal, nos remitimos a idioteces absolutamente deleznables como la Introducción a la magia, quizá la "obra" más significativa de Evola a la hora de entender el suicidio ideológico que entraña para un partido NR asumir el llamado "pensamiento tradicional".

En efecto: una vez llegado a este punto, es imposible establecer la necesaria conexión de fundamentación racional entre  el plano de los valores, la ideología y el programa político NR. !Las "bases" NR quedan cortocircuitadas, señor Llopart!

No existe, ni puede existir, un programa político "evoliano" a menos que se quiera restablecer, por ejemplo, el derecho de pernada y la servidumbre de la gleba. El evolianismo es estructuralmente apolítico. La intención de Evola no fue otra que apartar a los fascistas de posguerra de cualquier veleidad nacional-revolucionaria, utilizarlos como carne de cañón de los servicios de información occidentales en su lucha contra el comunismo y, finalmente, anularlos para la acción política destruyendo en ellos toda forma de inteligencia y sentido crítico. El aislamiento político del MSR, su inepcia, en plena crisis económica y social, a la hora de establecer una vía de contacto con los trabajadores nacionales (aplastados por la oligarquía) a pesar de contar Llopart con medios materiales muy superiores a los de Josep Anglada en sus inicios, es un fenómeno que merece ser explicado y tiene que ver con el colapso ideológico que entraña el divorcio entre los fundamentos (irracionalistas) de los valores y su expresión político-programática. El MSR ha podido maquillar este "cortocircuito" gracias a la manipulación del programa político de AE, pero la naturaleza reaccionaria del contenido ideológico real (mezcla de evolianismo y catolicismo lefebvriano à la Buela), es decir, de la interpretación que ha dado Llopart a ese programa una vez convenientemente amputado y deformado,  no dejará de manifestarse. El hecho traduce la apoliticidad radical del "pensamiento tradicional" (=reaccionario) en el carácter marginal irrecuperable del partido social-republicano.


La verdadera acción que yo pretendía ejercer sobre los jóvenes del grupo “Imperium” y las otras corrientes juveniles era en el sentido de una contraposición a las tendencias materialistas y de izquierda presentes dentro del MSI.


(Julius Evola)

La re-derechización del proyecto NR

Una vez aceptado por el propio Llopart que el núcleo del discurso NR, es decir, aquello que lo distingue radicalmente de cualquier otro discurso político, es la apelación a unos determinados valores; que, además, esos valores, identifícanse como "valores heroicos" claramente diferenciados de la religión, deberíamos esperar que en un libro titulado ¿Qué es ser nacional-revolucionario?, el secretario general del "único partido nacional-revolucionario" de España, Juan Antonio Llopart Senent, explicara en qué consisten dichos valores. Ahora bien, de las 231 páginas del libro, unas 50 redactadas por Llopart (y ya sabemos cómo), disponemos exactamente de dos páginas, dos, dedicadas a los valores. En ellas, la mayor parte del texto la ocupa Llopart en desmarcarse del "materialismo" y únicamente emplea cinco líneas en caracterizar los valores NR (pág. 59). La misteriosa frase de Llopart, que ya hemos tenido ocasión de comentar, es "la espiritualidad de los valores", a la que añádese la preferencia del héroe frente al santo. Los rasgos heroicos consistirían en anteponer el honor y la fidelidad a la cobardía, en el rechazo del "Paraíso celestial pleno de igualdades y felicidad" y en la "lucha por una concepción heroica del hombre", "por una espiritualidad de combate contra la moral del esclavo".  ¿Es éste el discurso del primer nivel -valores- de las "Bases NR" (valores, ideología, programa) hurtadas a Farrerons? ¿Se agota aquí el fundamento axiológico del proyecto nacional-revolucionario? Cuatro frases. Nada más. !Menudos fundamentos!

En realidad, una obra dedicada a definir el proyecto NR, debería haber convertido cada una de estas frases, en el título de un capítulo entero del libro. Pero Llopart no es capaz de desarrollar ese "tema", porque no sabe ni de lo que habla, tanto en el sentido moral como en el intelectual de la palabra. Ha entrado en un terreno de filosofía pura que desconoce enteramente. Además, aunque lo que ha escrito no es rechazable (repetimos que plagia la conferencia de Farrerons de 7 noviembre de 2008 en Madrid), tal como lo ha expuesto, es decir,  a base de unos pocos eslóganes escuálidos y resecos, podría ser aceptado por cualquier evoliano con un poco de imaginación y ganas. Basta sustituir "héroe" por "guerrero" y ya tenemos al aristócrata feudal añorado por Evola (y Milá). Y, sin embargo, las posturas evoliana (derechista-reaccionaria) y nacional-revolucionaria  (Farrerons) sobre los valores, pese a las coincidencias aparentes si se reducen las ideas a unas simples consignas, esconden una incompatibilidad de fondo que es de las mismas características, aunque enormemente aumentadas -hasta dimensiones "cósmicas" incluso-, que aquella que opuso el franquismo (nacional-catolicismo) al nacionalsindicalismo jonsista ("fascista"). No estamos ante el "fascismo frailuno" (franquismo), hazmerreír de los fascismos europeos, sino ante un fascismo chamánico, motivo de escarnio para cualquier ciudadano que, simplemente, esté en sus cabales y quiera seguir estándolo.

De hecho, y Farrerons ya explicó esto en otro lugar, el evolianismo es mucho más reaccionario que la extrema derecha católica, pues ésta todavía se siente portadora de una racionalidad heredada de la cultura filosófica griega. El "pensamiento tradicional" nos retrotrae de la teología de Santo Tomás (reivindicada por José Antonio Primo de Rivera) al ritual mágico y los eones del horóscopo, o sea,  a una postura propia de perturbados mentales. En realidad, estamos ante una conspiración oligárquica para destruir la mente de las nuevas generaciones de nacional-revolucionarios con un veneno peor que cualquier droga: la idiotez querida, buscada, el hecho de entrenarse para "rechazar la razón", para convertirse voluntariamente en un tonto irrecuperable... !Esto es Evola! Desde los años ochenta viene Jaume Farrerons enfrentándose a dicho fraude, lo último que podíamos esperar en la INTRA era que el MSR, un partido político que se fundó sobre las bases ideológicas relativamente sanas de AE, recayera en la vieja enfermedad de la Cruz Céltica, sustituyendo la verdad racional y la defensa de la modernidad por el retorno a las cavernas del "pensamiento tradicional". El único responsable de esta inmensa derrota ideológica es Juan Antonio Llopart Senent, quien en 2009, en plena reconciliación con el maestro evoliano, actuó a instancias del escrito "Por qué no soy nacional-revolucionario", publicado urgentemente por Ernesto Milá en respuesta a "Nacional-revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?" de Jaume Farrerons.

Siervos de la gleba:
la sociedad "tradicional".
Analizar el caso de la derechización del fascismo español nos permitiría comprender las consecuencias políticas devastadoras que se siguen de matices filosóficos aparentemente insignificantes. Pero ahora no podemos entrar en la historia del falangismo, sino en cómo Llopart ha derechizado, por su cuenta y riesgo, un proyecto político que empezó identificándose con la izquierda nacional y que ahora, en cambio, se contrapone a ésta; el propio Llopart así lo ha reconocido expresamente. En efecto, cuando en la página 38 de ¿Qué es ser nacional-revolucionario? propone Llopart que "Diseccionemos el área", distingue entre derecha nacional-populista, históricos (=falangistas), nacional-catolicos, izquierda nacional y nacional-revolucionarios. Por lo que respecta a nuestras pretensiones en la presente entrada, la principal conclusión de este esquema de clasificación es que los nacional-revolucionarios quedarían fuera (según Llopart) de la izquierda nacional o, lo que es lo mismo, que la izquierda nacional no sería nacional-revolucionaria por el simple hecho de haberse declarado "de izquierdas". Cierto es que Llopart se aferra al clavo ardiendo de la famosa frase de Ortega y Gasset pero, una vez más, malinterpretándola, pues lo que pretende Ortega no es negar la existencia de una izquierda y una derecha políticas, sino, precisamente, que los criterios derecha/izquierda, que son estratégicos y tácticos, sean extrapolados al plano del pensamiento sin mediación alguna. Precisamente porque la opción de izquierda nacional pertenece al plano pragmático del programa político, y no al plano de la ideología y menos todavía al de los valores (filosofía), es posible hacer propia la idea de Ortega y, al mismo tiempo, promover el vínculo vital del proyecto NR con los trabajadores nacionales. Éstos se identifican a sí mismos con la izquierda (=defensa de los intereses morales y materiales del pueblo); pese a las recurrentes obsesiones y pesadillas derechistas, por "izquierda" no entienden los ciudadanos cosas como el Kali Yuga o el aborto a la carta.

Ahora bien, al decir de Llopart, Alternativa Europea sí habría estado emparentada con la izquierda nacional: "Salvo casos aislados, en España los principales valedores de esta línea más próximos en el tiempo -básicamente los provenientes de Alternativa Europea- se integraron en el Movimiento Social Republicano" (Llopart, J. A., op. cit., p. 42). Si así fuere, el primer programa de izquierda nacional en España habría que consignarlo como aquél redactado a la sazón por Farrerons para AE (algo que no sería rigurosamente cierto porque AE no era todavía izquierda nacional, sino el inicio del camino o andadura hacia ésta). Pero al mismo tiempo, Llopart, quien sostiene haber estado vinculado desde "siempre" a posturas NR, habría evolucionado del campo de la izquierda nacional al campo nacional-revolucionario "ninista" (ni derechas, ni izquierdas). En suma, si nos atenemos a las contradicciones de su propia narración autolaudatoria, Llopart ha mentido una vez más cuando se presenta como una Atenea nacida ideológicamente armada en Molins de Rei. Mas todo ese relato esconde una mezquina mixtificación a posteriori para justificar los intereses personales actualísimos de Juan Antonio Llopart. La verdadera historia de Llopart es otra muy, muy distinta. Procede Llopart de un oscuro campo pseudo-NR (Cruz Céltica), el de los años setenta y ochenta hasta la aparición de Bases Autónomas (Madrid) y ENSPO (Barcelona), que se confunde con la extrema derecha evoliana adoctrinada por Ernesto Milá; Llopart empieza a tener alguna noción de aquéllo que distingue al genuino proyecto NR del pedestre ultraderechismo gracias a Farrerons, quien le redacta un programa político orientado a la izquierda nacional, es decir, nacional-revolucionario, en abierta oposición a la idea evoliana de contrarrevolución; finalmente, en un tercer movimiento, retrocede Llopart ante las consecuencias de ese mismo programa y derechiza el proyecto iniciado como AE, convirtiendo el MSR en una opción "NR" neocéltica ("tradicional"), siempre con características propias pero incapaz de romper esa prisión que denomínase eufemísticamente "el área".

Ernesto Milá, evoliano e informador cloacal.
El "área"... Misterioso vocablo, clave secreta, empero, del texto de Llopart. Denominación técnica del gueto ultraderechista, corralito facha del cual el fundador del MSR no ha podido escapar a pesar -dicho sea en su favor- de haberlo intentado sinceramente en algún momento de su fracasada carrera política.

Observemos, en este sentido, uno de los cambios que se producen entre el Programa Político de Alternativa Europea (1997), redactado por Farrerons, y el amaño de Norma Programática del MSR de 2008, consistente en recortar los elementos axiológiocos más NR (=izquierdistas nacionales) de aquél. En una aparentemente minúscula amputación se encierra un importante significado, síntesis del proceso de rederechización al que el MSR es sometido por Llopart para no perder a sus legiones de skin heads (los "guerreros" del evolianismo real). Y todo ello a los solos efectos de mantener la clientela editorial del área, es decir, la fuente de información y recursos económicos del propietario de Ediciones Nueva República. Veáse, en fin, la conclusión (punto 36) del programa político de AE:

Alternativa Europea se define como alternativa de valores éticos a la sociedad de consumo, pero no a la modernidad en cuanto tal. Antes bien, pretendemos salvaguardar, en la crítica general del individualismo, el relativismo y el economicismo hedonistas, aquellas instituciones del mundo occidental que definen la cultura racional desde la Grecia clásica, y que han contribuido a disolver los aspectos de las culturas tradicionales ligados a lacras, como por ejemplo la explotación, la miseria, la superstición y el inmovilismo.
Entendemos que la sociedad de consumo representa una desviación del proyecto moderno, promovida por la subcultura izquierdista de la transgresión y por el individualismo sociológico en sus versiones, tanto liberal, como libertaria. Forma parte de la crisis de transformación y liquidación final de la sociedad tradicional europea, acompañada por la inevitable pérdida de viejos y caducos referentes éticos. La modernidad puede y debe tomar conciencia de sus valores auténticos, ligados a una espiritualidad ética de la verdad racional, para llevar adelante la realización del proyecto histórico iniciado por Grecia en el siglo V a. C., y edificar al fin una sociedad justa fundada en las estructuras y principios de la libertad política (democracia), la racionalidad cultural (ciencia y filosofía), el progreso económico (socialismo y tecnología) y el servicio a la nación (Estado cívico).

Juan Antonio Llopart, discípulo de Milá.
De este fragmento  han sido eliminadas, en el programa del MSR (2008), todas las referencias a la racionalidad (en verde). Y allí donde dice "ética de la verdad racional", en su lugar se ha pegado la etiqueta idiotizante del Cesid: "espiritualidad tradicional". Que significa: vuélvete un "iniciado" (=majadero) y deja de ser peligroso para el sistema. Una vez dado el giro a la derecha, el engarce lógico entre el nivel discursivo de los valores y su plasmación ideológica y política como modernidad  alternativa (proyecto NR, fascista originario), conviértese en la subversión pura y simple de las conquistas sociales; y consecuentemente, empuja en la dirección de una extrema derecha radical, hiperreaccionaria, cavernícola, de imposible plasmación política como no sea por medio de la mentira y la más absoluta autodestrucción intelectual -y psíquica- tanto de los perpetradores cuanto de sus víctimas. En efecto: no puede confesárseles a los ciudadanos que se les va a privar de la seguridad social, la escolarización obligatoria y el derecho a elegir a sus representantes políticos, para, en lugar de tan decadentes instituciones modernas, restituir los privilegios de una aristocracia hereditaria de señores presuntamente superiores por nacimientoParece absurdo pretender, por ejemplo, que la magia o la tradición hermética ocuparán el lugar de la ciencia y, además, colgar esto en un programa electoral. Carece de sentido, yendo hasta el final, razonar contra la razón y sugerir que esos "razonamientos", por llamarlos de alguna manera, sí serían válidos... Por supuesto, uno siempre puede "sentirse" superior sin tener que esforzarse en nada; y acreditar esa ilusoria superioridad afirmando poseerla y calificando de "racionalista" a quienquiera ose preguntar,  dudar o cuestionar la consabida fábula jerárquica de todos los sectarios vendedores de pócimas milagrosas. Semejante bazofia para enanos acomplejados sólo puede existir en la mente de supuestos "guerreros" que se adoran a sí mismos, en medio de las ruinas, como última expresión de una perdida "edad dorada" sólo identificable en sus cabecitas intoxicadas, pero que, en el mejor de los casos, se dedicarán a jugar a los espías anticomunistas -mirando con desprecio, desde "lo alto", a todos aquellos que no compartan sus risibles "saberes iniciáticos"- en este mundo contemporáneo ya condenado e intrínsecamente "malo"; un sitio donde cualquier acción política resultaría a la postre inútil porque la evoliana concepción cíclica del tiempo y de la necesaria decadencia vuelve vano todo influjo histórico de la voluntad, individual o colectiva; donde sólo queda, por tanto, "cabalgar el tigre", o sea, embolsarse el sobre color sepia de los servicios de información del Estado y burlarse de quienes hayan quemado su existencia por la causa nacional-revolucionaria europea. De ahí que Ernesto Milá, principal autoridad del evolianismo (!citado por Llopart en su libro!) sostenga sin pestañear que lo NR no existe (desde luego, Milá ha hecho  todo lo posible para que lo NR no exista, ha sudado la camiseta a fin de convertir esta afirmación en una constatación de hecho). A pesar de las escandalosas evidencias de colaboracionismo policial, Llopart reconoce a Milá como fuente ideológica, mientras, en un alarde de "objetividad" que ya retrata al futuro cacique en ciernes, silencia a Farrerons ignorando las gigantescas deudas doctrinales existentes, por no hablar de un compromiso nacional-revolucionario expreso y, este sí, real, que se remonta a la época de ENSPO (nada menos que 30 años atrás).  Primer engaño, primera mezquindad "personal" de Llopart, tras la cual vendrán, inexorablemente, todas las demás.

Documentación anexa para ilustrar por qué los términos "verdad racional", "modernización", "cultura racional" y "espiritualidad ética de la verdad racional", entre otras, han desaparecido del programa del MSR.

Wikipedia

Crítica de Evola al Nacionalsocialismo y al Fascismo

http://es.wikipedia.org/wiki/Julius_Evola

Fue desde un principio sumamente crítico tanto con el fascismo como con el nacional socialismo, en especial respecto a la figura del mismo Hitler, a quien acusaba, "en razón de su demagogia populista" (algo que Evola despreciaba), de ser, antes que una alternativa a la decadencia del Occidente, una de las últimas partes de su proceso moderno disolutivo. Es decir, Hitler no era el salvador de Alemania que venía a purificar al pueblo —y al mundo ario— trayendo una Weltanschauung renovadora, sino que era la última piedra que venia a hundir aún más a los hombres. Para él, el movimiento nacionalsocialista (principalmente su racismo) fue el «ultimo zarpazo» que el nefasto mundo decadente —que llamaba genéricamente moderno— dio a los hombres. Postura que sostuvo hasta su muerte. Evola atacó a todos los teóricos del nacionalsocialismo, apuntando con extraño y persistente ahínco hacia la doctrina racial, pretendía disolver los fundamentos de la incipiente cosmovisión natural y científica.

Evola se reconocería en distintos escritos como en su libro Imperialismo Pagano como antifascista, Evola dice que el nacionalismo es repugnante y que los escuadristas eran plebeyos, subraya el hecho de haber “atacado repetidamente la teoría de la “socialización” que, como se sabe, fue santo y seña del fascismo de Salò: al cual no me adherí en cuanto doctrina... En la socialización veo un marxismo encubierto, una tendencia demagógica...”. A su vez confirmaría que “En realidad las posiciones que he defendido y que defiendo, como hombre independiente... no son las denominadas “fascistas” sino las tradicionales y contrarrevolucionarias”.

Evola consideraba al nacionalsocialismo como «vulgar», «demagogo», «aberrante», «incoherente», «nefasto», «arrogante», «deforme mental por su cientificismo», «iluso», «paranoico», «obseso», «diabólico», «histérico», «abominable», prácticamente no le faltó ningún epíteto. Consideró al nacionalsocialismo como «totalmente ajeno a la Derecha tradicional» que él representaba. No obstante, rescataba solamente algunos puntos que tenían en común con su doctrina, como por ejemplo el elitismo de la SS. En su intento de destruir las bases del nacionalsocialismo no dudó en atacar algunas de sus fuentes. Criticó desmedidamente a Richard Wagner (el maestro y compositor que dio la mayor inspiración artística, ideológica y espiritual a Hitler), de llevar la mitología nórdica a lo que el llamaba una «desviación» a través del arte, convirtiéndose este arte en «un instrumento de perversión moderna». Llega al extremo de decir que el maestro Wagner es un «despreciable producto moderno» especialmente en el campo ideológico racista y mitológico nórdico, afirmando que «deforma» lo que él (subjetivamente) entiende por espiritual y tradicional. Esto es extraño ya que Wagner encarnaba la restauración tradicional y la promovía a través del Arte y las ideas, es por esto que cautivó a Hitler quien afirmó «convertiré a Parsifal en un movimiento político espiritual». En cuanto a la música de Wagner, la criticaba llamándola melodramática, mientras a la de Beethoven la designaba como trágico-patética. Criticó duramente a los padres del racismo y el revival ario, como a Chamberlain y Gobineau, y a todos los que siguieron ideológicamente a Wagner como así también a los principales teóricos racistas del III Reich. Es decir, pretendió desmantelar todos los orígenes profundos de la revolución ario-racista en Europa. De esta manera, pensaba que atacando a Richard Wagner y a los precursores del racismo ario, descalificaría de raíz todo el Nacionalsocialismo en su esencia y cosmovisión racista.

A pesar de criticar al nazismo por su racismo, Evola, quien sin duda se consideró a sí mismo -pobre payaso- un ser "superior" a cualquier obrero industrial moderno, es capaz de escribir cosas como la siguiente en defensa de un retorno puro y simple a la sociedad aristocrática de castas:

Cuando las cosas han llegado a este punto, no hay que extrañarse que las razas superiores mueran. La lógica inevitable del individualismo tiende también hacia este resultado, sobre todo en las "clases" pretendidamente "superiores" de hoy, en las que disminuye el interés hacia la procreación; sin hablar de todos los demás factores de degeneración inherentes a una vida social mecanizada y urbanizada y, sobre todo, a una civilización que no conoce los límites saludables y creadores constituidos por las castas y las tradiciones de la sangre. La fecundidad se concentra entonces en los estratos sociales más bajos y en las razas inferiores, donde el impulso animal prevalece sobre todo cálculo y consideración racional. Se produce inevitablemente una selección al revés, el ascenso y la invasión de los elementos inferiores, contra los cuales la "raza" de las clases y de los pueblos superiores, agotada y derrotada, no puede nada o casi nada, como elemento espiritualmente dominador.