en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

domingo, abril 28, 2013

¿Cómo pudieron víctimas de ETA reproducir la jerga antifascista de sus propios verdugos?

Toda la gente (=gentiles) somos "fascistas" y sujetos a exterminio. A ver si nos enteramos ya.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


En la entrada "Sobre la ideología oligárquica" transcribí una cita de André Glucksmann que ilustra y marca de alguna manera el giro interpretativo que, en la propaganda de la oligarquía, convertirá la experiencia comunista en "fascismo":
Nuestro siglo ha pagado tan caro sus escasas luces sobre el fascismo: ¿cómo no reconocerle en los osarios del Gulag, en el régimen que los esconde y mantiene? Que la URSS sea capitalista y fascista (es cierto que se trata de un fascismo más sutil,más cultivado, más dialéctico que el de los nazis, vulgares imitadores) lo leemos con todas las letras en Archipiélago Gulag y en el cuerpo de los torturados.
La idea-bellaquería de Glucksmann, cuyo quid prodest oligárquico resulta quizá ya ocioso subrayar,  no quedará sin consecuencias para España. Pero la primera cuestión que salta a la vista es la siguiente: ¿cómo puede pretenderse que el comunismo es la forma originaria del fascismo mientras al mismo tiempo y en la propia formulación de la tesis utilízase la jerigonza de Stalin, es decir, precisamente aquel monótono discurso antifascista que escuchaban los cuerpos de los "torturados" antes de perecer en la Cheka o en el Gulag? !Hete aquí el gran fraude intelectual y moral del siglo XX! La cita de Glucksmann pertenece a La cocinera y el devorador del hombres (1975). Pero sólo tres años antes, en 1972, había publicado Glucksmann El viejo y el nuevo fascismo, un libro panfletario donde detectamos, coincidiendo en China con los estragos de la denominada Revolución Cultural, el discurso clásico del marxismo-leninismo.  El filósofo judío arrojaba entonces a la cara de la República Francesa la palabra "fascismo" en nombre de ese neoestalinismo oriental que fue el maoísmo antisoviético, jaleado sin enrojecer de vergüenza en todos los cafés de la Rive Gauche parisina. Para ser más exactos, Glucksmann legitimó el Laogai, la versión china del Gulag, como alternativa al capitalismo francés, a la sazón calificado de "fascista". El cambio de chaqueta posterior, tan súbito como inesperado, ilustra un proceso espectacular de cinismo nauseabundo que en España ocultan las escandalosas raíces ideológicas del Foro Ermua. El nuevo antifascismo será ahora capitalista y sionista. El comunismo, fascista. !Los personajes de Orwell en acción! El "intelectual" progre pasará de ignorar o justificar unos crímenes (los de Moscú y Pekín) a ignorar o justificar otros (los del Washington y Tel Aviv). Las mismas bocas, los mismos filósofos, sostuvieron un lenguaje que no dejó jamás de ser antifascista -judeobolchevique o sionista, tanto da a la postre- y que ahora pronuncian labios del PP.

Ésta es una reflexión que me había reservado para el día en que ETA dejara de matar. Parece que la banda terrorista marxista-leninista ha abandonado las armas, aunque no puede afirmarse que la nueva estrategia (pues se trata de una nueva estrategia, nada más) sea definitiva, ninguna lo será como tal hasta la disolución pura y simple de la organización paramilitar (circunstancia que deberá incluir, claro está, la entrega de las armas).  En todo caso, ETA nos ha dado el deseado respiro; compréndase que hubiera resultado cruel plantear el tema que aquí propongo hoy en un tiempo en que las portadas de los diarios traían cotidianamente imágenes de la sangre derramada. Nuestro más absoluto respeto, pues, por las víctimas de ETA, que hemos apoyado personalmente más de una vez, y además en circunstancias nada fáciles que ya explicaré en otra ocasión.  
 
Pero, !ay!, existen más víctimas que las de ETA. Y todas las víctimas -un extremo que me concederá cualquier persona objetiva y honesta- deben ser respetadas. No se puede, en efecto, honrar a unas víctimas a costa de otras. Peor aún es utilizar a las víctimas de un genocidio para justificar, directa o indirectamente, otro genocidio. En el País Vasco no ha habido genocidio, pero sí "limpieza étnica"; los etarras empleaban el lenguaje estalinista que les correspondía, a saber, acusar a sus víctimas de "fascistas". Entre las víctimas de ETA se contaban Guardia Civiles, autoridades franquistas y militantes falangistas, pero el uso que hacía ETA del término "fascista" era el estrictamente estaliniano y comprendía a cualquier ser humano que, según los dictados del partido, representara un obstáculo para los fines de la revolución marxista. Fascista era, o podía ser, literalmente, cualquiera. El ser humano como tal, en tanto que depositario de la verdad (una verdad que negaba las utopías soteriológicas y escatológicas del comunismo), era, en definitiva,  el fascista. El antifascismo representó -y representa- la ideología que ha justificado -y justifica-, como sabemos y hemos documentado abundantemente en este blog, la aniquilación de decenas de millones de personas de todas las ideologías políticas, agrupadas empero bajo la imputación genérica de "fascistas". No existe en la historia de la humanidad lenguaje o discurso más criminógeno que el antifascismo, porque ninguna dictadura de derechas o "realmente fascista" ha alcanzado las cotas de totalitarismo, sistemacidad y cinismo en el exterminio de las poblaciones o segmentos enteros de la ciudadanía equiparables a las de los regímenes antifascistas.
 
Víctimas del antifascismo, no del fascismo.
El código simbólico de sus propios verdugos
 
Por tanto, el lenguaje antifascista es un lenguaje de asesinos, el de los peores criminales en masa que la historia registra. Y "fascista" es la acusación lanzada sobre las víctimas de esos genocidas. Dado que los antifascistas son los victimarios por excelencia, la conclusión parece clara: el término  "fascista" agrupa a una categoría de victimización (la más estupefaciente, por los métodos empleados, mala fe y número de afectados, que documentar quepa). No obstante, pese a esta evidencia, la palabra "fascista" es un insulto. Significa "genocida". Y cuando antifascistas convictos y confesos, como lo eran los etarras, "liquidaban" a un ciudadano, la respuesta de los "intelectuales", de los representantes asociativos y de los referentes cívicos o morales de las víctimas, no era acusarles de "antifascistas" o, como poco, de "comunistas", sino que a los antifascistas se les quería manchar con el mismo estigma deshumanizador con que Stalin -o la policía bolchevique- "argumentaba" sus crímenes. Más todavía: la mayoría de las víctimas de ETA no sólo callaban ante tamaña ignomina, sino que se avinieron casi maquinalmente a ese curioso intercambio de despropósitos en virtud del cual los abertzales acusaban de "fascistas" a los "constitucionalistas" y éstos de "fascistas" a aquéllos. Gritábanselo unos a otros en las calles. Una escena deplorable a fuer de ridícula y vergonzante. Pero bochornosa lo era sobre todo, insisto en este punto, por parte de las víctimas de ETA, pues a la postre los abertzales utilizaban el lenguaje que les era propio, el de Stalin, mas no se entiende que los liberales y presuntos demócratas quisieran sustraerles a los etarras -como si de un tesoro se tratara- el mismo sistema simbólico manchado de infamia que un comisario político bolchevique inventara tiempo ha en no se sabe qué gélido gabinete del Kremlin.
 
Las víctimas de ETA se degradaban como víctimas al adoptar el código significante de los genocidas estalinistas, que era también el de los etarras apostados enfrente, !!!el lenguaje de sus propios verdugos!!! Al emplear la jerga de la NKVD, de la GPU y de las demás burocracias bolcheviques, escupían en el rostro, y asesinaban simbólicamente por segunda vez, a esos 100 millones de personas que exterminó el comunismo. Ratificaban, de forma tácita y quizá inconsciente, la legitimidad de tales crímenes contra la humanidad, pues bien muertos estaban quieres fueron, a fin de cuentas, meros asesinos, que no otra cosa significaba en sus bocas (como en las de Stalin y los suyos, a cuyo delirante coro se sumaban ahora nada más y nada menos que víctimas de ETA) la palabra "fascista".
 
Por si fuera poco, y ésta es una historia poco conocida pero que tendremos algún día que contar, marginaron las víctimas a un sector de su propio y martirizado colectivo, minoría cuya muerte quedaba "justificada" de alguna manera en el limbo de "la felicidad, el bienestar y el progreso", pues siendo falangistas o franquistas o Guardia Civiles los "ajusticiados", el hecho de equiparar su presunta adscripción simbólica o ideológica al merecimiento de un castigo, exoneró los atentados perpetrados contra aquellas víctimas, "fascistas" pero inocentes, y sus familiares. Los mass media "democráticos" -léase: monstruos pestíferos como PRISA- se encargaron aquí, además, de fraguar un nuevo engranaje lingüístico para dotar de marchamo de normalidad a la máquina estalinista de picar carne, tema que ya abordamos de forma introductoria en el post "El lenguaje antifascista en la prensa".

Todo esto ha ocurrido en España hasta hace bien poco y las brasas enrojecen incandescentes a poco que un soplo de indignación de las víctimas reclámase de la memoria de los muertos y de la imperiosidad de hacer sufrir todo lo que se pueda a los victimarios. Es decir, a los... "fascistas" (¿?).
 
Fernando Savater: "el fascismo que hay que
¿Por qué ocurrió?
 
Ocurrió porque un grupo de "intelectuales" que procedían de la extrema izquierda evolucionaron hacia posiciones de derecha liberal.  Estos escritores y filósofos no querían empero reconocer, en los brutales rostros de los terroristas etarras, su propia oriudez doctrinal. Así pues, acusaron de fascistas, siguiendo sus inveterados hábitos militantes, a quienes no lo eran, a quienes profesaban la misma ideología (marxista) que ellos habían aceptado como propia a lo largo de su juventud. Obsérvese que, en este punto, pese a la derechización, continuaron ejerciendo estos hombres de letras las funciones de comisarios e instructores estalinistas de sumarios, pero en el otro bando. Para perpetrar tamaña fechoría intelectual y moral, tuvieron, no obstante, que exportar a la derecha el lenguaje de Stalin. Dicha operación se realizó no sólo en España, sino en el conjunto del llamado mundo occidental -empezando por Hollywood- para amparar las atrocidades racistas del Estado de Israel y la limpieza étnica de Palestina. El capítulo español de esta triste comedia de manipulación masiva incorpora simplemente algunas "razones locales" añadidas a un cambalache propagandístico de enormes dimensiones.Y la derecha de la Piel de Toro, esa cobarde derecha religiosa acomplejada por sus vínculos históricos con el nazismo -el mismo, católico o evangélico, que mataba judíos bajo la acusación de ser los "asesinos de Cristo"-, aceptó el regalo de los recién convertidos, aun que ateos, con agradecimiento, haciendo uso y abuso, a hora y deshora, del artilugio simbólico embrutecedor, con el fin de entontecer su propio pasado fascista. Y así ocurre que, en la actualidad, es la derecha constitucionalista la que con mayor alegría emplea el vocabulario de la cheká, la jerigonza carnicera del gulag, y lo  hace de forma repetitiva, obscena, vomitiva, frívola e insultante, contra cualquiera y dondequiera que tope con obstáculos la canallesca política neoliberal, la implementación del imperialismo estadounidense, los designios expansionistas bíblicos de Tel Aviv... En la novísima asusación de "fascismo" son incluidas plataformas cívicas contra los deshaucios (PAH), indignados (15-M), movimiento 25-S y hasta el Pato Donald si necesario fuere... También otros neoliberales, verbi gratia los "nacionalistas" (¿?) catalanes, reciben el estigma diabólico; y responden, con mayor razón, aunque olvidando los pogrom medievales autóctonos, que no, que "fascista lo será Madrid", pues "España", aliada del Tercer Reich, ya expulsó a los judíos en 1492 y encarnaría, en definitiva, el fascismo por antonomasia, a saber, el antisemitismo que desembocara en  Auschwitz. De estos usos abochornantes pero institucionalizados de la imputación de "fascista" nos ocuparemos en próximas entradas.

Una vez consumado el retorcimiento de los hechos, su vuelta del revés como un calcetín, Gorka Manero consideraba una "paradoja" que ETA acusara de fascistas y ultras a los "demócratas", pero no que él acusara a una organización antifascista, es decir, estalinista, de fascista. La impostura tiene que llevar a tal retorsión del lenguaje y la verdad que las obviedades se conviertan en "paradojas" y las "paradojas" (por decirlo suavemente), en obviedades. Vean:
Gorka Maneiro, ha denunciado la paradoja de que los fascistas de Sortu llamen fascistas a los demócratas y a los antifascistas. “Es obvio y no hay más que ver la trayectoria de los miembros que conforman Sortu para darse cuenta de que son ello los que han venido defendiendo históricamente las acciones criminales de ETA y un proyecto político antidemocrático dirigido a hacer desaparecer las libertades públicas y la democracia en Euskadi. A día de hoy siguen legitimando la historia criminal de ETA y su proyecto totalitario. Que esta “gentuza” nos defina en su ponencia como ultras o neofascistas es la gran paradoja: los fascistas llaman fascistas a los antifascistas, ya lo dijo Churchill: los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas. Es posible que hoy Sortu se sienta fuerte ante la debilidad actual del Estado de Derecho. Sólo podemos decir que daremos la vuelta a esta situación excepcional: pronto, los demócratas y los antifascistas recuperaremos las calles del País Vasco.
Gorka Maneiro: otro gozoso usuario derechista de la jerigonza del fiscal Vichinsky durante los juicios de Moscú. Con él van personajes como María Dolores de Cospedal y la entera cúpula del Partido Popular, una organización fundada por franquistas convictos y confesos entorno a la "democrática" figura Manuel Fraga Iribarne. Las paradojas no terminan aquí, sino se convierten en misterios de orden metafísico cuando observamos a una delegada del gobierno en Cataluña homenajeando a la División Azul:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/05/16/catalunya/1368708685_692728.html

¿Pero no habíamos quedado en que los derechistas eran antifascistas? ¿En qué bando luchó la División Azul, oh sinvergüenzas del Partido Popular? ¿Observa Gorka Maneiro alguna "paradoja" en tales contorsiones de los "demócratas"? ¿Cómo va resultar "paradójico" que una organización totalitaria antifascista califique de "fascistas" a sus víctimas, que es lo que han venido haciendo los rojos desde que el antifascismo fuera fundado como estrategia maquiavélica de la Internacional Comunista allá por los años 30? ¿No se le antoja más "paradójico" al Sr. Maneiro que un presunto liberal -como él se quiere sin duda- utilice las etiquetas de los carceleros de Kolymá a efectos de embrutecer, deshumanizar, animalizar a sus adversarios políticos (operación que solía preceder, en el pasado, al inevitable paseíllo y "merecido" tiro en la nuca)? ¿Es consciente de lo que está haciendo este cretino integral? !Por supuesto!

Quizá convenga, de una santa vez, y por higiene moral e intelectual, colocar a cada gallina en su corral. Ni ETA es fascista ni fascistas los "demócratas" (aunque en el caso del PP y de la derecha en general, con justificadas reservas). Pero antifascista en el conflicto vasco sólo tiene "derecho" objetivamente a serlo ETA. Los etarras matan porque son comunistas (=antifascistas) y el antifascismo es per se una ideología criminógena (Gorka Maneiro upeydeiro ignora el dato más abrumador del siglo XX, retírese pues de la política por inepcia supina). Y si esto les "pica" a los progres ya vendidos y revendidos como putas al despiadado capital, si les escuece haber tenido algo que ver con el comunismo y, por ende, con los crímenes que acostumbraban a perpetrar los comunistas, en este caso crímenes cometidos en lugares bien cercanos a sus casas, no se escondan como cobardes tildando de fascista a ETA para borrar el rastro de la propia filiación ideológica; no lo hagan, además, usando encima el mismo lenguaje criminal que el genocida Stalin e insultando a las víctimas del comunismo mientras se rasgan las vestiduras en nombre de la democracia y los derechos humanos, porque lo que realmente buscan es forjarse una buena (mas harto inmerecida) reputación cívica. Tengan el valor de decir: "yo he sido comunista y el comunismo asesinó a 100 millones de personas, los etarras nutren el mismo universo político al que yo pertenecí". Es fácil: admitir la verdad, solicitar el perdón, etc... Pero, claro, resulta más cómodo olvidar todo eso y tildar de fascistas a los comunistas. El progre -animal confortable de oronda obscenidad ya proverbial en España- quédase más satisfecho, digiere y fornica mejor cloroformizando su conciencia, es decir, evitando tener que disculparse y experimentar una sana compunción por sus "errores pasados" (aquellos que tanto gusta de reprochar a los demás). Al contrario, no sólo ahórrase el necesario jabón, sino que, con Stalin y contra Stalin, entiende el progre que "siempre ha sido antifascista" (por tanto, !!!siempre ha tenido razón!!!). Hoy, incluso en el PP o C's o UPyD. Con semejante enanismo moral de personajillos que retuércense para sacar cabeza  y colocarse perpetuamente arriba a costa de lo que sea, no nos extraña que España se haya convertido en un país ridículo. En España hay que detectar la decencia, la veracidad, la generosidad, la honestidad más elementales, con microscopio. Pero en definitiva, a alguien aparte de sí mismos gratificaban con sus imposturas estos engolados progres "que-siempre-fueron-antifascistas": Stalin hízoles un guiño desde la tumba por su nueva aportación a la universalización del dispositivo simbólico criminógenoopus magnum del dictador soviético elevado al rango de imaginario colectivo e ideología oficial de la oligarquía planetaria. También en Euskalherría. El Foro Ermua marcó así la expresa y singular entrada del País Vasco en el Nuevo Orden Mundial.

"Fascistas" somos todos, hasta los desahuciados. 
En la foto, víctimas "fascistas" de ETA. 
El Foro Ermua y el "fascismo" de ETA

Quizá el ejemplo más emblemático del tipo de fauna progre-pepera que se arrogó la representación intelectual y moral de las víctimas fue el Foro Ermua. Firmaron un manifiesto contra el fascismo unos 300 "intelectuales (y profesionales)", ya sabemos qué significan tales oropeles (=nosotros somos los más inteligentes). Pese a semejante lujo de cerebros, véase una vez más en acción la vieja jerigonza de Stalin y las oxidadas quincallas de la Rive Gauche maoísta parisina, lugar donde estos mayistas se educaron entre porro y polvo allá por el año 1968:

http://www.elmundo.es/eta/documentos/foro_ermua.html

Declaración del Foro de Ermua Manifiesto por la democracia de Euskadi
El Foro de Ermua fue presentado el viernes 13 de Febrero de 1998 en el hotel Ercilla de Bilbao. Un grupo de 300 intelectuales y profesionales suscribió el manifiesto fundacional.
«Los firmantes de este documento, conscientes de la grave situación política de nuestra comunidad autónoma, declaramos ante la opinión pública lo siguiente:
  • 1- Desde el final de la dictadura franquista se ha organizado y extendido en Euskadi un movimiento fascista que pretende secuestrar la democracia y atenta contra nuestros derechos y libertades más esenciales. Este movimiento está dirigido por ETA, así como por Herri Batasuna y otras organizaciones de su entorno, que utilizan la violencia para sembrar el miedo, coartar gravemente la libertad de expresión e imponernos a todos sus «alternativas políticas».
  • 2- La mayor parte de nuestros representantes políticos e institucionales, incluidas las más altas instancias, difícilmente pueden ser exonerados de responsabilidad en este proceso de deterioro de la democracia. Durante todos estos años han transigido con las exigencias de este movimiento antidemocrático y no han actuado con la unidad y firmeza necesarias, llegando incluso en ocasiones a repartir la responsabilidad de los crímenes de ETA entre esta organización y el Estado. Sentimos como un agravio constante la colaboración de las instituciones que nos representan con quienes sustentan y alientan el fascismo, no habiendo dado otro fruto esta condescendencia sino un incremento constante de la coacción, el miedo y la muerte.
  • 3- Sin perjuicio de las oportunas medidas de reinserción social, nos oponemos firmemente a cualquier clase de negociación política con ETA. Cualquier proyecto político debe validarse mediante el sufragio de los ciudadanos y debatirse en el Parlamento, institución esencial de nuestra democracia y lugar privilegiado para el diálogo político, pues en él únicamente existen dos fuerzas persuasivas y decisorias: los argumentos y los votos. Exigimos por ello de los partidos y representantes políticos que no consientan ni insinúen especie alguna de transacción o formalización de acuerdos sobre las exigencias políticas de ETA, pues una cesión al chantaje de las armas significaría la quiebra de la legitimidad democrática.
  • 4- Reconociendo la gran labor realizada por los grupos pacifistas creados en Euskadi durante estos difíciles años, creemos que nuestra sociedad demanda nuevas formas de oposición al fascismo vasco, que apelen más al derecho democrático, a la palabra, que al pacifismo gestual y al silencio testimonial. Reivindicamos el espíritu civil iniciado en Ermua en las jornadas de julio, en las que la sociedad vasca recuperó no sólo la calle, sino la voz, y demostró que es posible luchar pacífica y contundentemente contra ETA y quienes amparan, promueven y se benefician de su proyecto totalitario.
  • 5- Por las mismas razones rechazamos toda estrategia procedente de cualquier instancia mediadora, política, sindical o eclesiástica, dirigida a borrar las huellas de la movilización democrática iniciada en Ermua y difuminar o tergiversar su inequívoco mensaje: acabar de una vez en el País Vasco con la ambigüedad en este terreno, poniendo definitivamente término a toda forma de colaboracionismo entre demócratas y fascistas.
  • 6- Hacemos por todo ello un llamamiento a la sociedad vasca para que se comprometa en la defensa de la democracia y del libre ejercicio de la palabra. Para que exija permanentemente de las instituciones democráticas el amparo de sus derechos y libertades. Para que se movilice y actúe en defensa de estos valores en todos los ámbitos de la vida ciudadana, siempre de manera cívica, pero con la resolución y firmeza necesarias. Sólo así alcanzaremos la paz sin sacrificarle nuestra libertad».
Entre los firmantes de este manifiesto, cabe destacar a las siguientes personas:
  • - Agustín Ibarrola, escultor, Fernando Savater, filósofo, Carlos Totorika, alcalde de Ermua, Mikel Azurmendi, antropólogo y portavoz del Foro
  • - Catedráticos o profesores de la UPV: Manu Montero, José Mª Portillo, Carlos Martínez, Ricardo Miralles, Aurelio Arteta, Antonio Beristain, Javier Corcuera, Francisco Doñate, Emilio Fernandez, Santiago De Pablo.
  • - Otras personas: Teresa Castells (librera), Cristina Cuesta (undadora de Denon Artean), Fernando García Cortazar (Universidad de Deusto), J. Ramón Recalde (Universidad de Deusto), Xabier Garmendia (ingeniero), Xabier Gereño (escritor), Raul Guerra (escritor), Katy Gutierrez (parlamentaria), José Ibarrola (artista), Roberto Lertxundi (médico), Hortensia Santana (jurista), Fernando Tusell (economista), Marta Zabala (historiadora).

Escudo "fascista" de la Guardia Civil.
Por supuesto, el Foro Ermua no se molestó en ningún momento en argumentar por qué motivo ETA era un movimiento fascista. !Faltaría más! Todas las evidencias de la idiosincrasia marxista leninista de la banda armada, por no hablar de la publicación, en Francia, justamente el año anterior, del Libro Negro del Comunismo, con evidencias aplastantes relativas al carácter genocida universal del marxismo-leninismo, no bastaban para que estos intelectuales del orden oligárquico cumplieran con su deber de razonar (¿pero no eran los más inteligentes?) y explicaran a la ciudadanía los motivos de su "opinión", con lo cual ésta se convirtió, simplemente, en una impostura que legitimaba el código simbólico antifascista de los propios terroristas y, no casualmente, el lenguaje político standard del Nuevo Orden Mundial. Statu quo que incluye, entre otras delicatessen, "hacerse el sueco" ante el nacionalismo israelí de extrema derecha y la limpieza étnica de Palestina. Tales pautas de conducta reducían a polvo cósmico, por decirlo suavemente, la pretensión de que el Foro Ermua y los "intelectuales" de marras defendieran en realidad los derechos humanos y la democracia en el País Vasco. Lo suyo era el NWO. El entero manifiesto no representa más que una burla a las víctimas de todos los genocidios antifascistas, no pocos, un acto de soberano desprecio a la verdad y a la integridad intelectual, y el más abyecto y rastrero ejemplo del politiqueo de típicos trepas institucionales al servicio del poder de turno (en este caso, la oligarquía sionista transnacional).

El 1 de febrero de 2000 presentó el Foro Vichinsky ante las instituciones europeas un nuevo documento estaliniano y "orwelliano" donde se refiere a la organización marxista-leninista ETA y su entorno como "neonazismo" y "cáncer nazi-fascista". Los familiares de los falangistas asesinados, cuyos correligionarios lucharon en Rusia codo a codo con las tropas de Hitler, no podían responder a la infamia por razones obvias:

http://www.tolerancia.org/upimages/Manifiestos/ermua_estras1.htm

Declaración ante el Parlamento Europeo de Estrasburgo. Informe
Foro Ermua - 01/02/2000
El neonazismo y la violencia política en el País Vasco. (España) CUESTIÓN INTRODUCTORIA
Voz de alarma sobre el fenómeno antidemocrático que busca hoy refugio en las minorías étnicas y lingüísticas de Europa. El cáncer nazi-fascista extirpado con el final de la II Guerra Mundial amenaza hoy con hacer metástasis en las reclamaciones secesionistas de las minorías étnicas y lingüísticas en la Unión Europea cuando éstas anteponen sus aspiraciones a las libertades del ciudadano y sus irrenunciables derechos democráticos. Ese nazismo ya no es el de las grandes naciones hechas sino el de las que se pretenden hacer y para ello sacrifican al individuo por el grupo y la ideología. Igualmente ese nacional- socialismo explota un victimismo tanto o más peligroso que aquel que sirvió de coartada al nazismo histórico porque al tratarse de minorías resulta más creíble. Y es más peligroso que el de la ultraderecha austríaca porque éste último responde al modelo clásico y reconocible y es, además, un nazismo todavía virtual en el sentido de que aún no ha producido víctimas como lo ha hecho el de ETA. Es preciso, hoy más que nunca, dar la voz de alarma en el Parlamento Europeo porque ese neofascismo, que utiliza la llamada Europa de los pueblos para negar y sabotear la Europa de los ciudadanos, constituye la gran amenaza a la construcción europea en los próximos años. Lanzamos esta voz de alarma desde la experiencia de la ciudadanía del País Vasco.
INFORME
1. Consideraciones en torno a un proceso de deterioro en las libertades. El caso del País Vasco.
El secuestro y posterior asesinato a manos de ETA de Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del municipio vasco de Ermua, conmovió profundamente a la sociedad vasca y española. Durante varios días millones de personas de toda España salieron a la calle a manifestar su indignación y repulsa por un crimen que a muchos les recordaba los fusilamientos de la dictadura de Franco. Aquel movimiento no sólo era el repudio de un cruel asesinato, sino también la defensa de la democracia y el rechazo de la ideología fascista de ETA. Era además una advertencia a aquellos que desde el nacionalismo vasco buscaban justificaciones políticas a los crímenes terroristas. A pesar de la repulsa social, ETA continuó asesinando: concejales del Partido Popular, ciudadanos civiles y policías morían víctimas de los atentados más cobardes.
Y, sin embargo, los partidos y las autoridades nacionalistas del País Vasco con responsabilidades ejecutivas en los órganos de autogobierno de la Comunidad Autónoma olvidaron muy pronto aquella advertencia. No tardaron mucho tiempo en defender la misma reivindicación con la que los terroristas justificaron su crimen: el traslado de los presos condenados por terrorismo desde otras cárceles españolas a las prisiones del País Vasco. El presidente del Gobierno Vasco llegó incluso más lejos, al proponer una negociación con la banda criminal sin exigir ninguna condición previa, ni siquiera la deposición de las armas.
Mientras tanto, grupos nazis de apoyo a ETA y a Herri Batasuna (HB), partido al que se considera su brazo político, tomaban las calles del País Vasco. De nuevo eran frecuentes los incendios de las propiedades y bienes de militantes de los partidos políticos no nacionalistas, y se repetían los asaltos y atentados contra las sedes de esos partidos y contra ciudadanos que habían intentado expresarse libremente denunciando tanta barbarie. Sin embargo, la Policía Autónoma Vasca, cuyo mando supremo corresponde al Gobierno Vasco, no actuaba con la prontitud y eficacia que debe exigirse en la represión de esos actos contra la libertad. El miedo y la inseguridad cundían entre los ciudadanos no nacionalistas; sentimientos inducidos y ya arraigados en todos los demócratas vascos durante años de terror nazi y de instrumentalización del poder por los partidos nacionalistas piadosamente llamados moderados.
En estas circunstancias de una sociedad amordazada y temerosa, un grupo de ciudadanos vascos se agruparon en lo que dieron en llamar FORO ERMUA, con el objetivo de presentar públicamente una declaración que con el título de Manifiesto por la democracia en Euskadi fue firmada por todos ellos. Aquel texto fundacional decía lo que el miedo había impedido reconocer: calificaba como fascista al movimiento dirigido por ETA y su brazo político Herri Batasuna, y señalaba la responsabilidad de los representantes políticos e institucionales vascos en el deterioro de la democracia. La denuncia no se limitaba a señalar la inhibición de quienes deben velar por la libertad y la seguridad de los ciudadanos y sus bienes, sino que también advertía de "la colaboración de las instituciones que nos representan con quienes sustentan y alientan el fascismo". Manifestaba además su oposición a cualquier clase de negociación política con los terroristas. En aquel documento se decía que "los proyectos políticos deben validarse mediante el sufragio de los ciudadanos y debatirse en el Parlamento", que "una cesión al chantaje de las armas significaría la quiebra de la legitimidad democrática, y que sólo los argumentos y los votos son fuerzas persuasivas y decisorias" legítimas. Por último finalizaba con un llamamiento a la sociedad vasca a comprometerse "en la defensa de la democracia y del libre ejercicio de la palabra".
Hoy, casi dos años después de aquel manifiesto, en el País Vasco la democracia continúa deteriorándose. En amplios sectores de la población existe miedo a ser víctimas de la represión que los terroristas ejercen sobre quienes disienten de los objetivos nacionalistas, y temor a ser discriminados por un poder político que, estando en manos de los partidos nacionalistas, margina a quienes no colaboran con su proyecto de construcción nacional vasca.
2. España es una Nación Democrática y el País Vasco goza de una amplísima autonomía.
Hay gentes que, desde Europa, han percibido al nacionalismo y al terrorismo vascos como expresiones de un movimiento de liberación nacional propio de los viejos contextos colonialistas. Este esquemático criterio ignora la historia de España desde hace cinco siglos, y encubre la realidad de un país, el vasco, que goza constitucionalmente y afirma instituciones ampliamente democráticas equiparada a las del resto de los países que conforman la comunidad europea. España es una Nación Democrática y un Estado de Derecho. No podría ser de otro modo, pues la democracia de los Estados miembros es una condición fundamental de pertenencia a la Unión Europea desde que el artículo 6.1 del Tratado de la Unión (TUE), de acuerdo con la reforma de Tratado de Amsterdam, así lo estableció. La democracia de las Naciones que forman la Unión se erige, por tanto, en su principio fundacional y constitutivo. El artículo 7 del TUE vela por el cumplimiento de esta condición, al prever sanciones para los Estados miembros que violen los principios de libertad, democracia, respeto a los derechos humanos y de las libertades fundamentales y el Estado de Derecho contenidos en el artículo 6.1.
Hace ya más de 20 años que los españoles fuimos capaces de superar un largo período de dictadura dotándonos de una Constitución que garantiza la libertad del individuo, la igualdad y el pluralismo político, permite la convivencia democrática en nuestra sociedad, asegura el imperio de la ley y protege a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de sus culturas y tradiciones, así como en el uso de sus lenguas e instituciones específicas. El artículo 2º de nuestra Constitución reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran y componen la nación española. En un régimen de libertad garantizado por su Constitución, España se ha organizado como un Estado integrado por 17 regiones y nacionalidades autónomas que gozan de un amplísimo autogobierno. Cada una de esas Comunidades Autónomas se organizan institucionalmente mediante una Asamblea Legislativa elegida por sufragio universal, un Consejo de Gobierno con funciones ejecutivas y administrativas, y un Presidente elegido por la Asamblea Legislativa. La norma institucional básica del País Vasco es su Estatuto de Autonomía. En él se regulan las amplias competencias de que goza la Comunidad Autónoma.
El País Vasco tiene una policía totalmente independiente de los otros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado: el mando supremo del cuerpo y el reclutamiento de efectivos dependen del Gobierno Vasco. La región dispone de su propia Hacienda Autónoma, puede regular dentro de su territorio el régimen tributario y aporta a la Nación un cupo global en concepto de compensación por aquellas cargas del Estado que no asume la Comunidad Autónoma. La educación, la sanidad, entre otras muchas competencias, están en manos de las autoridades regionales que tienen incluso capacidad para legislar sobre estas materias y disponen de un cuerpo propio de funcionarios con unas retribuciones muy superiores a las de otras regiones españolas. Existe, además, una radio y televisión públicas vascas dependientes exclusivamente del Gobierno Autónomo. A pesar de que el español es la lengua mayoritaria de la región, el Estatuto declara a la lengua vasca (eusquera o vascuence) como la lengua propia del Pueblo Vasco, otorgando al español únicamente el rango de lengua cooficial. Los nacionalistas vascos no aceptan la autonomía y usan la coacción para crear una nación independiente con territorios de España y Francia: La Declaración de Estella.
3. Los nacionalistas vascos contribuyeron a la elaboración del Estatuto, lo sancionaron dándole su apoyo en referéndum, y desde su entrada en vigor han ejercido el poder y la representación institucional en el País Vasco. Sin embargo, ahora han hecho suyo el programa de ETA e intentan obtener nuevas ventajas políticas ofreciendo a cambio el cese definitivo del terror. Para ello han suscrito un acuerdo al que denominan Declaración de Estella. Consiste en la propuesta de un trueque: soberanía nacional vasca a cambio de paz. Pero quien asume esta oferta no es ETA sino los partidos nacionalistas en su conjunto, incluidos los que gobiernan las instituciones. Es un proyecto estratégico nacionalista cuya verdadera naturaleza reside en el hecho de que ETA es la amenaza implícita que subyace en la propuesta, pues la no aceptación de los términos del ofrecimiento implica la reanudación de su terror.
De hecho, desde el primer día del alto el fuego, ETA no ha cesado en reforzar su logística, reorganizar sus efectivos y recabar información acerca de eventuales víctimas. El Partido Nacionalista Vasco, que gobierna en el País Vasco desde hace 20 años, siempre ha ocultado a sus electores su proyecto político independentista. Incluso como partícipe del Pacto de Estella continúa escondiéndolo, puesto que el acuerdo suscrito, en el que no se menciona a ETA, aparece desdibujado por un lenguaje disfrazado de neutralidad. Sin embargo bajo esta apariencia de imparcialidad puede descubrirse un intento de embarcar a toda la sociedad vasca en un disimulado proceso constituyente. El texto implica a España y Francia en la resolución de tres cuestiones a las que denomina "territorialidad, sujeto de decisión y soberanía política"; es decir: referéndum de autodeterminación y construcción de una nación soberana con territorios de ambas naciones.
Pero lo más grave es que la Declaración de Estella no es sólo un pacto para la acción política sustentado en la violencia subyacente de un grupo terrorista, sino que es también el programa de gobierno del actual ejecutivo vasco. El poder en el País Vasco lo ejerce una coalición de dos partidos nacionalistas firmantes del documento, los cuales han suscrito un acuerdo de gobierno con Herri Batasuna (HB), el tercer partido del frente nacionalista de Estella. Herri Batasuna es un partido que no condena la violencia terrorista ni la violencia fascista que emana de sus propias bases. Es muy grave que en el seno de la Unión Europea exista un Gobierno que se apoye en un partido que propugna la violencia política cómo método. Se comprende así el hecho aberrante para cualquier observador democrático, de que desde las más altas instancias institucionales del País Vasco se postule un "diálogo sin límites" con los terroristas, a quienes ni siquiera se les pide que depongan definitivamente las armas. Cuando gobernantes democráticamente elegidos se comportan de ese modo, están incumpliendo su más importante mandato: defender la democracia.
4. El contencioso vasco es una falacia.
Los representantes institucionales vascos, con el presidente de su Gobierno a la cabeza, identifican a toda la sociedad vasca con su ideología nacionalista. Su punto de partida es el de la existencia de lo que denominan el contencioso vasco: "un conflicto histórico de origen y naturaleza política en el que se ven implicados el Estado español y el Estado Francés", según define la Declaración de Estella. Una idea que implica que todo ciudadano vasco, por el hecho de serlo, debe sentirse comprometido por ese supuesto enfrentamiento heredado. Pero, por el contrario, el contencioso no puede presentarse como un conflicto entre el País Vasco, España y Francia, pues la sociedad vasca es políticamente plural y no se siente, ni siquiera mayoritariamente, partícipe de ese conflicto. El contencioso vasco, por tanto, no puede representar una lucha por la democracia ni por el autogobierno, pues ambas condiciones políticas ya existen en el País Vasco, sino que es un eufemismo que encubre la verdadera naturaleza del proyecto independentista de crear una nación soberana por medio del terror colectivo y la coerción social.
5. En el País Vasco no existe un enfrentamiento entre dos nacionalismos: la paz sólo consiste en la desaparición de ETA. Desde el alto el fuego de ETA, hasta el momento actual en que se ha reanudado la estrategia del terror, el Gobierno Vasco y los firmantes de Estella han entendido el cese del terrorismo como un "proceso de paz" desarrollado por el establecimiento de acuerdos entre dos facciones. Es una idea falaz que surge de la identificación de la violencia vasca con el conflicto nacionalista de Irlanda del Norte: un enfrentamiento entre dos nacionalismos en el que ambos contendientes deben renunciar a la violencia. Pero en el País Vasco la violencia es unilateral: es practicada únicamente por los terroristas de ETA y por las fuerzas de choque fascistas que le apoyan en la calle.
En los años 80, el contraterrorismo policial de los GAL no encontró el menor amparo entre la población no nacionalista; razón por la cual fracasó, al no lograr el entramado social necesario para su subsistencia. Por el contrario, la persistencia de ETA no podría explicarse sin los poderosos apoyos que encuentra en el seno de la comunidad nacionalista. Puesto que no estamos ni ante dos terrorismos ni ante dos nacionalismos enfrentados, la paz democrática no puede consistir en otra cosa que en la desaparición de ETA y de su unilateral violencia política. En el País Vasco no existe un enfrentamiento entre dos nacionalismos, un nacionalismo vasco y un supuesto nacionalismo español, sino una división de la sociedad vasca en dos segmentos, asimétricos en su caracterización política. Los no nacionalistas no constituyen un grupo o una comunidad estructurada, sino una sociedad plural adscrita genéricamente a modelos demoliberales y que acepta la democracia representativa como la mejor forma de gobierno. Su voto se distribuye en el espectro natural que abarca desde la derecha liberal hasta la izquierda socialdemócrata. Todos aceptan la Constitución española y, aún sin ser necesariamente autonomistas, el Estatuto de Autonomía del País Vasco como garantía de la democracia y marco legal de convivencia.
Es, en definitiva, una sociedad democrática en la que los ciudadanos, independientemente de su adscripción a la derecha o a la izquierda, o ser más o menos partidarios del liberalismo económico o del estado social, coinciden en considerar la libertad individual como un bien supremo. La sociedad nacionalista, por el contrario, se adscribe a modelos comunitarios en los que priman los valores culturales patrios frente a la libertad individual. En su interior conviven tendencias más conservadoras con otras que propugnan radicales cambios sociales, pero por encima de esas diferencias los nacionalistas aspiran a la unificación de toda la sociedad bajo el signo de la identidad común. El propio presidente del Gobierno Vasco demanda de todos los partidos de la Comunidad Autónoma lo que él denomina "un sentimiento de pertenencia común". Para los nacionalistas la nación representa un patrimonio lingüístico, cultural, incluso racial, que todos los ciudadanos tienen la obligación de perpetuar. De este modo definen a los vascos como un pueblo étnicamente distinto a los españoles y a los franceses, que tiene, por tanto, un derecho inmanente a la soberanía nacional.
En las declaraciones nacionalistas no faltan tampoco referencias raciales; en 1996, en un importante documento del PNV, el partido mayoritario del nacionalismo y supuestamente el más moderado, al que pertenece el presidente del Gobierno Vasco, se dice literalmente: "Somos el pueblo más antiguo, el más autóctono con características craneales, hematológicas y biológicas singulares...... Somos la Nación más nación de Europa.....". Los nacionalistas subordinan la democracia a la consecución de la unidad política y cultural de la patria vasca. Su proyecto etnicista incluye la recuperación de fórmulas tradicionales y predemocráticas de organización política a las que consideran como genuinamente vascas. En el mismo texto que hemos referido más arriba puede leerse: "Somos un pueblo pequeño, penetrado y rodeado por gentes ajenas a nuestras preocupaciones, empeñadas en tenernos en sus esquemas conceptuales y culturales, en sus estructuras económicas y políticas". Esta búsqueda de formulas políticas genuinas la han materializado recientemente en lo que denominan Asamblea de Municipios: una agrupación de concejales nacionalistas de los ayuntamientos del País Vasco español, de Navarra y del País Vasco francés, que pretende substituir insidiosamente a las instituciones representativas vigentes e iniciar un proceso soberanista.
6. La enseñanza pública en el País Vasco es utilizada para el adoctrinamiento político.
La política cultural del Gobierno Vasco puede entenderse a la luz del principio que en 1995 un alto dirigente del Partido Nacionalista Vasco recordaba a sus seguidores: "primero hacer pueblo, luego la independencia". Los responsables de educación del Gobierno Vasco defienden abiertamente la idea de que la enseñanza debe cumplir la función de transmitir los "valores vascos". El vehículo más eficaz que emplean con ese objetivo es la enseñanza de la lengua vasca, pues el principio que rige en la concepción nacionalista de la transmisión del vascuence, no es el de ofrecer a los niños un patrimonio cultural que les sirva para su desarrollo personal como individuos libres, sino el de incorporarlos activamente a la recuperación de la identidad vasca.
Desde las instituciones vascas se practica una política cultural y educativa que prima exclusivamente a la cultura vasca frente a otros modelos que puedan ser libremente elegidos por los ciudadanos. Bajo la denominación de normalización lingüística se ha instaurado un régimen educativo tendente a transformar una realidad sociolingüística en la que el idioma español es la lengua mayoritaria. El estudio del vascuence es obligatorio para todos los niños, independientemente de cual sea su lengua materna, y de las lenguas modernas y clásicas que elijan para su curriculum. La educación pública en los grados básico y medio, que hace unos años se impartía en español, ha sido mayoritariamente sustituida por el vascuence. Para ello han debido improvisarse profesores capaces de expresarse en vascuence, y cientos de profesores con largos años de servicios han sido desplazados o se han visto obligados a emigrar a otras comunidades autónomas de España.
El conocimiento de la lengua vasca, independientemente de su empleo real, se considera un mérito preferente para el acceso a puestos de trabajo públicos: funcionarios, policías, médicos, jueces, etc. Para evitar estas discriminaciones los padres buscan para sus hijos una enseñanza en lengua vasca, a pesar de que el idioma hablado por la familia sea el español. Las nefastas consecuencias pedagógicas de este sistema, que reaen precisamente sobre las clases sociales con menos recursos, son sistemáticamente despreciadas por los responsables de educación. El Gobierno Vasco es quien establece las directrices de esta política lingüística que cuenta con el apoyo activo de los grupos violentos que contribuyen a su implantación mediante formas diversas de acción directa: alteraciones del orden en la universidad, carteles en las calles calificando de analfabetos a los niños y jóvenes que estudian el bachillerato en español o amenazas a los jueces que no hablan vascuence.
7. Violencia política y déficit democrático en el País Vasco.
No existe una causa objetiva que pueda explicar la existencia de violencia política en el País Vasco, pues no puede decirse que surja como consecuencia ni de una supuesta opresión nacional, ni del enfrentamiento de facciones rivales. Por el contrario, sí puede afirmarse que tiene causas ideológicas, que es el resultado de un débil asentamiento de la cultura democrática, minada por veinte años de hegemonía cultural e institucional del nacionalismo. El rechazo del terrorismo en el seno de la sociedad nacionalista, cuando se produce, no va acompañado de una condena moral de la violencia. A partir de la tregua de ETA la condena de los actos violentos desde medios nacionalistas no se hace desde principios éticos y democráticos, sino porque, según expresión acuñada, "perjudica el proceso de paz y sólo beneficia al Gobierno de Madrid".
La Iglesia Católica Vasca, y en especial alguno de sus obispos, manifiestan a menudo su dolor por el sufrimiento de los presos condenados por terrorismo y olvidan sistemáticamente el sufrimiento de las víctimas y la asistencia a sus familias. Ayuntamientos de mayoría nacionalista han homenajeado a terroristas abatidos en enfrentamientos con la policía. En este ambiente de grave deterioro moral se puede entender que en un juicio celebrado en 1997, un jurado popular declarara inocente al acusado, un simpatizante de HB, convicto de un doble asesinato perpetrado a sangre fría en las personas de dos policías.
También desde los partidos nacionalistas que gobiernan en el País Vasco la condena de la violencia ha estado imbuida de ambigüedad y comprensión hacia sus ejecutores. Desde las propias instituciones vascas se presenta a los terroristas condenados por los tribunales como víctimas de un sistema penal que los mantiene alejados de sus familias. La Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, de mayoría nacionalista, ha asumido como propia la reivindicación del acercamiento de todos los terroristas a las prisiones vascas. Esa misma Comisión ha desatendido permanentemente las demandas de los familiares de las víctimas del terrorismo a las que se les niega el reconocimiento público de su sufrimiento. Un diputado elegido por figurar en las listas del partido nacionalista radical Herri Batasuna, de quien se sabe que fue el jefe de ETA durante uno de sus períodos más sanguinarios, es miembro de esa Comisión de Derechos Humanos.
Recientemente el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco ha denunciado ante la Dirección General 1 de la Unión Europea, la solicitud en concepto de ayuda económica cursada por el Departamento de Justicia del Gobierno Vasco para elaborar un estudio sobre asistencia a los presos de ETA y a sus víctimas: un ejemplo de como nuestros representantes institucionales, asimilando los verdugos a las víctimas, intentan desviar la responsabilidad de la violencia hacia el Estado que coarta, según ellos, las justas aspiraciones del País Vasco a su soberanía. Más recientemente, este mismo colectivo que reúne a familiares de víctimas del terrorismo, sistemáticamente despreciado por las autoridades vascas, se ha visto obligado a demandar del Parlamento Europeo una condena explícita de los partidos que constituyen el Gobierno de la Comunidad Autónoma.
Es evidente que en estas condiciones, aunque las instituciones del País Vasco son democráticas, el ejercicio de la democracia se encuentra gravemente impedido. La sociedad vasca está atenazada por el chantaje de ETA que amenaza con volver a matar si sus demandas políticas no son satisfechas, y por la violencia cotidiana ejercida en la calle contra cargos públicos no nacionalistas, militantes de partidos constitucionalistas, policías, jueces, profesores y otros ciudadanos. Sólo en el período comprendido entre el 17 de septiembre de 1998, día en el que ETA declaró su tregua indefinida, hasta el 31 de octubre de 1999, en el País Vasco y Navarra -Comunidad Autónoma vecina que los nacionalistas incluyen en su proyecto de un País Vasco independiente y soberano- se han producido 727 incidentes violentos; es decir, casi dos acciones violentas cada día. Una ofensiva de los nacionalistas radicales cuyas acciones, en el más genuino estilo de fuerzas de choque fascistas, tienen como principal objetivo a los dos partidos políticos no nacionalistas: el Partido Popular del País Vasco y el Partido Socialista de Euskadi (PSOE). En 299 ocasiones las acciones han sido ejercidas directamente contra las personas. Los más afectados han sido los cargos públicos; sobre ellos han recaído 134 incidentes violentos; los políticos y miembros de partidos se han visto afectados en 76 ocasiones. Entre 511 acciones contabilizadas ejercidas contras los bienes de las personas, se incluyen asaltos contra las sedes de los partidos políticos no nacionalistas, viviendas y vehículos particulares, pequeños comercios, oficinas bancarias, instalaciones eléctricas, medios de transporte público, ferrocarriles, dependencias policiales y militares y mobiliario urbano. Carteles y pintadas amenazantes contra las personas cubren las paredes de nuestros pueblos y ciudades.
Como consecuencia de todo esto la libertad de expresión se encuentra gravemente coartada. Reina el temor entre las personas no nacionalistas: ser elegido concejal o diputado por un partido constitucionalista, o simplemente ser militante o figurar en sus candidaturas a las elecciones, comporta un riesgo que puede pagarse con la vida. Expresar públicamente las discrepancias con el terrorismo, con la ideología nacionalista, o, incluso, ser crítico con la política lingüística del Gobierno Vasco que prima al vascuence y discrimina al español, entraña graves riesgos. Es una violencia que recuerda a la de los viejos pogroms del este de Europa hasta en la pasividad de las autoridades. Durante el mes de enero las agresiones han aumentado hasta alcanzar el número de 2,6 acciones diarias, sin que la policía vasca (Ertzaintza) a las órdenes de autoridades nacionalistas haya efectuado una sola detención. Un ejemplo muy reciente puede ilustrar la actitud, en ocasiones cínica, de las autoridades nacionalistas. Los comerciantes de Guecho -una conurbación con más de 80.000 habitantes-, después de que fueran obligados a cerrar sus comercios por las amenazas y agresiones sufridas durante una huelga convocada por el brazo político de ETA en favor de los terroristas presos, se dirigió al alcalde nacionalista demandando protección. El alcalde les ha negado la ayuda solicitada argumentando que el problema de la violencia hay que resolverlo "con prudencia y tacto, sin crear conflictos mayores" (sic), aunque, no obstante, ha pedido a los comerciantes que "se hagan fuertes" (sic) ante los piquetes y "tomen medidas valientes y atrevidas" (sic). Es decir: no sólo se niega protección a los ciudadanos sino que incluso se les anima al enfrentamiento.
Los nacionalistas y el Gobierno Vasco cuya representación ostentan, subestiman la realidad social del terror y la violencia. Dirigentes del PNV han calificado las acciones fascistas en la calle como "chiquilladas", y para los actos que atemorizan e incendian las propiedades de las personas sin llegar a matarlas han encontrado el eufemístico calificativo de "violencia de baja intensidad".
Recientemente el Consejero de Interior del Gobierno Vasco, responsable máximo de la policía, ha sido sometido a una moción de censura a propuesta del Partido Popular por haber cuestionado la pertinencia de la detención en territorio francés de una peligrosa terrorista. Desde las filas nacionalistas también se llegó a cuestionar la conveniencia de la detención de los terroristas que robaron varias toneladas de dinamita en la Bretaña francesa. En cada ocasión en que la ruptura de la tregua se hacía más probable, representantes institucionales vascos y sus partidos acusaban al Gobierno de España de "inmovilismo" y de "no dar los pasos suficientes en el proceso de paz". Los nacionalistas ya han dado su gran paso: han formulado las condiciones del diálogo, la gestión de las negociaciones se la confían a los terroristas, pues ven en ellos los mejores defensores de su propio proyecto político.
La reciente consumación de las amenazas de ETA con el asesinato en Madrid del teniente coronel Blanco García, ha sido la terrible confirmación del carácter ilusorio y antidemocrático de tal proyecto. Herri Batasuna, el brazo político de los terroristas, no ha condenado el asesinato, sin embargo el ejecutivo vasco, a pesar de las reiteradas llamadas que desde los partidos no nacionalistas se han hecho instándole a romper su pacto con ese partido, aún mantiene con él su colaboración de gobierno. Reacción europea frente a la falta de democracia que se vive en Euskadi. La vulneración de los derechos humanos es permanente en el País Vasco y los ciudadanos no encuentran el amparo institucional propio de un Estado de Derecho. Euskadi se ha dotado a través de la Constitución y del Estatuto de Autonomía de instituciones democráticas. El problema no reside por lo tanto en el sistema sino en los responsables políticos que lo controlan y en la dejación que hacen de sus funciones en favor del objetivo independentista quienes gobiernan tales instituciones. El Departamento de Interior y la Policía autonómica (Ertzaintza) no garantizan el orden público y desde instituciones como el Gobierno Vasco y las Juntas Generales se deslegitiman explícita y abiertamente las detenciones a presuntos terroristas llevadas a cabo por el Ministerio del Interior del Ejecutivo central y las Fuerzas de Seguridad del Estado que dependen de este último.
De este modo se produce un peligroso vacío de poder al ceder el Gobierno central competencias en materias como la seguridad policial y al no ser ejercidas tales competencias por el Gobierno autonómico, que, usa frente al primero el eficaz argumento de la no injerencia como cualquier Estado soberano aunque sin serlo en ningún momento. De este modo también, se da la grotesca paradoja de que el nacionalismo antidemocrático vasco puede actuar aún más impunemente que el neonazismo austríaco al verse protegido, frente a cualquier correctivo de la Unión Europea, por el Estado democrático español del que, por otra parte reniega permanentemente. Denunciamos este absurdo propiciado por el auge agresivo de los nacionalismos etnicistas y minoritarios en Europa y por el temor de los Estados soberanos a fomentarlos socialmente y legitimarlos políticamente con el mero cumplimiento de la legalidad.
Foro Ermua - 01/02/2000
Declaración ante el Parlamento Europeo de Estrasburgo
Foro Ermua - 01/02/2000
Conclusiones de la Declaración ante el Parlamento Europeo de Estrasburgo. Por lo dicho y ante la más alta institución de la Unión Europea, el Foro Ermua, solemne y firmemente, declara:
CONCLUSIONES
Dadas las circunstancias que acabamos de describir, y a modo de conclusión el FORO ERMUA quiere llamar la atención acerca de los tres hechos siguientes:
1-LA LIBERTAD ESTÁ REPRIMIDA POR LA AMENAZA Y EL CHANTAJE POLÍTICO DE ETA.
Los asesinatos de ETA y su permanente amenaza recaen sobre los ciudadanos, especialmente sobre las personas no nacionalistas. Es el castigo que los terroristas imponen a una sociedad democrática que no les ha concedido ni la victoria política ni los cambios institucionales que ellos exigían. Desde el anuncio de la falsa tregua la violencia callejera -versión vasca de los viejos pogroms- lejos de disminuir ha aumentado, sin que la policía autónoma, cuyo mando supremo corresponde al Gobierno Vasco, intente siquiera darle una respuesta adecuada. La violencia callejera de los ultra-patriotas vascos tolerada por sus aliados nacionalistas cumple así una función esencial para el mantenimiento de la hegemonía política e ideológica nacionalista: atemorizar y coartar la libertad de expresión de los no nacionalistas.
2-EL NACIONALISMO ES RESPONSABLE DEL DETERIORO DE LA DEMOCRACIA.
Con el pacto de Estella el nacionalismo ha abandonado su tradicional ambigüedad hacia la violencia y se ha decantado por una alianza política con quienes la practican. El llamado nacionalismo democrático no sólo adopta los fines de ETA y de su brazo político, sino que acepta sus medios violentos y antidemocráticos. El PNV y EA no propugnan la violencia dentro de sus filas, pero la consienten en sus aliados. El nacionalismo en su conjunto ha contraído la terrible responsabilidad de apoyar y legitimar a un importante segmento de la sociedad vasca que aspira a la homogeneidad étnica, y cuyo recurso político más aspirado y coreado multitudinariamente es la violencia y el miedo.
3-EL EJERCICIO NACIONALISTA DEL PODER HA DESPRESTIGIADO A LAS INSTITUCIONES AUTONÓMICAS.
Las promesas del Presidente del Gobierno Vasco de romper su alianza de gobierno con el brazo político de ETA si no cesaba la violencia política, no han sido más que palabras vacías, cuyo incumplimiento compromete gravemente la confianza que los ciudadanos vascos podamos tener en nuestras instituciones y su presidente. Los partidos que gobiernan en el País Vasco se mantienen en el poder gracias al apoyo parlamentario del brazo político de ETA. El precio impuesto en la oferta de ese apoyo consiste en asumir un "proyecto de construcción nacional" que refleja las aspiraciones de ETA y no las del conjunto de la sociedad vasca. La permisividad con el fascismo callejero ilustra perfectamente el carácter antidemocrático de esta alianza nacionalista. El actual Gobierno Vasco no puede, por tanto, recabar la lealtad de los ciudadanos hacia unas instituciones que él mismo ha subvertido, pues al ponerlas al servicio de un proyecto político totalitario las ha vaciado de su sentido democrático.
PETICIONES:
1-Pedimos que el Parlamento Europeo condene la política del Gobierno Vasco incluida tanto por el Pacto de Estella como por el Pacto de Legislatura con EH.
2-Solicitamos el amparo moral y explícito de la Unión Europea ante la falta de libertades públicas en el País Vasco.
3-Solicitamos al Parlamento y a la Comisión Europea que insten al Gobierno Vasco a que haga valer los derechos y libertades de la ciudadanía vasca protegidos en la Constitución Española y recogidos en el Tratado de la Unión Europea, así como avalen explícitamente al Gobierno de España a hacer cumplir la legalidad en todo su territorio.

Creo que la siguiente entrega del culebrón publícase cuando un destacado miembro del Foro Ermua (hasta 2010), Jon Juaristi, autor de El bucle melancólico (algo así como la Biblia esta plataforma "orwelliana") se convierte al judaísmo, una religión racista cuyos estragos en Israel ningún intelectual de entre los firmantes, y mucho menos Juaristi, podía desconocer:
¿Qué piensa cuando le llaman converso o españolista para agredirle? Pues que es un insulto un poco tonto. Para insultar bien hay que buscar insultos gordos, de los de verdad. Lo de converso dirigido hacia mí es una cosa que le gusta decir mucho a Arzallus, pero no me considero un converso al españolismo. Nos pasó a gran parte de nuestra generación, que nos sacudimos la ganga nacionalista que traíamos de casa y empezamos a descubrir nuevos horizontes y a andar por nuestra cuenta. De una cosa sí soy converso. Soy un converso al judaísmo, pero nada más. ¿Y cómo pasa del catolicismo al judaísmo? Más bien pasé del agnosticismo al judaísmo. No soy un judío piadoso. Voy a la sinagoga dos veces al año. El judaísmo para mí no es exactamente una religión, sino más bien una visión ética del mundo, íntimamente relacionada con el concepto de la Ley. Lo que más me llamó la atención del judaísmo fue la voluntad antiidolátrica del mismo, la oposición a doblar la rodilla ante cualquier ídolo. Me hice judío a comienzos de los 80, aunque mi acercamiento al judaísmo fue muy anterior.
!Sacudirse la ganga nacionalista para convertirse al judaísmo, matriz de todos los racismos supremacistas, es una "paradoja" digna de Gorka Maneiro! Estas afirmaciones de Juaristi y otras se encuentran en la entrevista que también enlazamos:

http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/336/1141395427.html

El judaísmo sería una "visión ética del mundo". El talmudista Israel Shahak  "confirma" este extremo, basta con hojear Historia judía, religión judía (1994 el original inglés, 2002 la traducción española) para, a cada página, acordarse de Juaristi con "cariño". Pero sin ir más lejos la simple lectura del Libro de Josué resulta ya bastante instructiva al respecto. Por supuesto, la política israelí de exterminio y crímenes contra la humanidad ejemplifica también de manera irreprochable en qué consiste la "ética" judaica que la derechona opone al "fascismo" de ETA.  Juaristi expresa empero sin embozo sus opiniones sobre el Estado de Israel y la lucha de Tel Aviv contra el "terrorismo":
Incluso el Estado de Israel, que ha sido mucho más implacable con los terroristas que cualquier otro Estado, ha dado un ejemplo conmovedor y amargo de sentido común al cambiar terroristas vivos por cadáveres de soldados israelíes asesinados en cautividad, porque Israel subordina las conveniencias estratégicas de todo tipo al compromiso ético de que todos sus soldados volverán a casa, vivos o muertos. Y, si esto no se entiende, la batalla contra el terrorismo estará perdida de antemano, porque, en el camino, se nos habrá extraviado el sentido común.
Sión se apoderó de las víctimas "fascistas" de ETA,
como se había apoderado ya de las del Gulag.
¿Conmovedor? Hedor a Vichinsky por todos lados. ¿Qué es lo que hay que entender? ¿Acaso ese etnicismo delirante de Tel Aviv tan magníficamente ilustrado por el ejemplo? El sentido común se perdió hace mucho tiempo, Sr. Juaristi, y usted contribuyó decisivamente a ello en el País Vasco. Parece evidente que para Juaristi no existe la Nakba, ni el racismo supremacista del "pueblo elegido", ni el imperialismo del Eretz Israel, con las correspondientes colonizaciones y delirios expansionistas mesiánicos... Desde luego, no se puede negar que existan elementos racistas en la doctrina nacionalista vasca, pero no predominan precisamente en ETA, sino más bien en el ala jelkide, burguesa y moderada, del movimiento, justamente la que no practica el terrorismo ni la kale borroka (aunque se beneficie de ambos fenómenos). Ahora bien, dicha "herencia" de  violencia étnica remóntase a la doctrina de Sabino Arana, acendrado católico, y en último término a las raíces racistas judías del cristianismo, tal como ya argumentamos aquí:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/01/anotaciones-preliminares-sobre-las_06.html

En efecto, ¿de dónde procede la violencia en el interior del movimiento vasco? ¿Del nacionalismo o del marxismo-leninismo? ¿Es una casualidad que ETA sea violenta y el PNV no? En nuestra opinión, estamos ante una violencia revolucionaria típicamente "apocalíptica", por mucho que el "paraíso", es decir, la utopía profética habitual, se asocie aquí a la "independencia" de "Euskadi". Pero dejemos que responda una especialista en la materia:
De acuerdo con este planteamiento y teniendo en cuenta que la ideología nacionalista de la que procede y se alimenta ETA, no produce violencia, consideramos que la matriz ideológica del marxismo y del leninismo suministra a esta organización el fundamento doctrinal del uso de la violencia (Consuelo Laiz, La lucha final. Los partidos de la izquierda radical durante la transición española, Madrid, 1995, pág. 99).
Por otro lado, Sabino Arana Goiri dejó muy claro que sólo un valor aceptaba por encima de la patria, a saber, dios, y este dios católico profesado también por José María Aznar no deja de ser el dios hebreo, Yahvé, el mismo al que, después de su conversión, adora directamente Juaristi para mayor escarnio de las peperas genufrexiones antifascistas al uso:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/03/retrato-del-antifascista-en-orwell-7.html

Si algún vehículo existe de violencia étnica en el nacionalismo vasco per se, es aquel que enlaza con la secularización de las teologías escatológicas y soteriológicas judeocristianas, operación realizada masiva e íntegramente por el marxismo en el siglo XIX y de la que Moses Hess constituye la pieza de engarce con el criminal nacionalismo sionista contemporáneo. No se trataría, por tanto, de un elemento ideológico inherente al nacionalismo en cuanto tal, sino algo propio del nacionalismo teológico del "pueblo elegido" que constituye el núcleo de la mal denominada "religión" judaica. Jon Juaristi tiene que haber ignorado todas las cuestiones del anatema racista y exterminador santificado por la Torah para convencerse de que convirtiéndose al judaísmo curaba su alma de la violencia abertzale.

Así las cosas, volvemos al principio: la ideología antifascista, denominador común en los más diversos escenarios, hizo acto de presencia en España y envenenó la herida del conflicto vasco. La oligarquía juega, de forma patente, con todas las cartas de la baraja. Allí donde creen haber llegado algunos a descubrir el Mediterráneo, los oligarcas llevan ya mucho tiempo laborando el terreno y subvirtiendo el sentido lógico de las cosas. La verdad (griega, filosófica) ofrécese en sacrificio a Yahvé: primera enseñanza del judaísmo. El common sense al que apela burguesamente Juaristi debe terminar también  por resultar pisoteado antes o después. La violencia que se le hace a la razón precede a la violencia contra las personas. Siempre, claro, en favor de los intereses oligárquicos, que parecen tener un sólo adversario fantasmal, un antagonista, algo que denominan "fascismo" pero que, antes de apostar por definiciones fáciles, convendría aclarar qué es realmente. Toda esta maniobra de transubstanciar el gulag -una vez resultó ya imposible minimizarlo y ocultarlo- en el "verdadero fascismo", mientras el sistema se apropiaba al mismo tiempo  del código simbólico antifascista inventado por Stalin (a pesar de que, o precisamente porque, el bolchevismo fue obra, en su mayor parte, de judíos), el mismo que había "fundamentado" el exterminio para utilizarlo a su servicio, comenzó en Francia a principios de los setenta con los "nuevos filósofos" (Gluksmann, B. H. Lévy, Finkielkraut...). Obsérvese por el caso vasco que no se trataba de meras teorías filosóficas inocuas, sino que las filosofías francesas del momento obedecían a profundas directrices sistémicas. Sólo una vez que los crímenes judeobolcheviques pudieron ser atribuidos al "fascismo" en el imaginario social y cultural, aparecieron obras especializadas como El libro negro del comunismo (1997), de Stéphane Courtois, reconociendo la cósmica criminalidad de los regímenes marxistas. Para entonces, la violencia de la extrema izquierda era ya empero, en el nivel político, y pese a que dicha violencia estuviera dirigida nada menos que contra falangistas, una variante más del "fascismo". Pero, ¿de qué se habla en verdad al emplear la palabra fascismo en el vocabulario y la neolengua (Orwell) de la oligarquía? Hete aquí la gran pregunta, la clave de cuya respuesta -que abre la puerta a nuestra liberación- encuéntrase sólo en la filosofía de Martin Heidegger.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
28 de abril de 2013


DOCUMENTACIÓN ANEXA

TUTTI FASCISTI

http://noquierequelosepas.blogspot.com.es/2013/04/todos-fascistas.html

“-Mamá, Luisito es fascista. Ha dicho "Viva Isabel la Católica"
--Dios mío, ¿y esa quién es?
--Una de la guerra civil”
(Chumi Chúmez)

“…En un libro muy significativo, publicado hace más de diez años en Italia, titulado Tutti fascisti, por Claudio Quarantotto, se citaban textos polémicos aparecidos en la prensa de la izquierda en el poder (la utópica, claro está) donde el intercambio de insultos entre unos y otros, marxistas ortodoxos y heterodoxos, llegaba a cumbres insospechadas. Tanto Tito como Mao fueron llamados fascistas por la prensa soviética, mientras los albaneses tildaban de fascistas, cada dos por tres, a los hombres de Moscú, lo que empieza a tener hoy cierto sentido, pero siempre dentro del deterioro y la caricaturización anticientífica del concepto "fascista", que nada tiene que ver con la realidad.” (Vintila Horia, probablemente a fines de 1985)

La izquierda llama fascista al PP. El PPSOE llama fascista a ETA. ETA llama fascista al opresor Estado español y a sus partidos, sobre todo al PP (y un poco menos al PSOE). Todos llaman fascista a Franco. Los republicanos llaman fascista al Rey, los peperos llaman fascistas a los de los escraches esos.

Para el stalinismo Trotsky era fascista. El POUM fue eliminado por favorecer los intereses del fascismo. Andreu Nin, eliminado por fascista. Muñoz Seca, Ramiro de Maeztu, los sacerdotes, monjas y fieles católicos asesinados en la 2ª república, los fusilados en Paracuellos, todos, todos, fascistas. La Iglesia católica es fascista, además de homófoba, misógina y nosecuantascosasmás. Los protestantes son fascistas. Los sionistas son fascistas. Y los musulmanes integristas. Los reyes Católicos eran protofascistas. Como don Pelayo, el Cid, Viriato, Alfonso VIII, Alfonso el Batallador, Sancho el Grande de Navarra, Saladino, Ricardo Corazón de León, Cervantes, Quevedo y Valle Inclán. Fascistas eran Unamuno (que curiosamente también era antifascista) y por supuesto el muy fascista Pío Baroja. Fascistas Jaume I, los Almogávares, san Agustín, santo Tomás de Aquino y la escolástica toda. Esparta era fascista. Roma, la cuna del fascismo, ya era fascista. Y los vikingos, los ostrogodos, los alanos, los suevos y los vándalos. Los reyes godos eran fascistas. Y el califato independiente. Carlomagno y todos los emperadores que en el mundo han sido. Las órdenes militares, fascistas a más no poder. La Inquisición era fascista. Carlos V era fascista. Y Felipe II mucho más. Pizarro, Cortés, Cabeza de Vaca…feixistes. Gengis Khan era fascista, y los zares uno tras otro. El Japón siempre ha sido un país fascista. Como China, Irán e Israel. Dalí era fascista. Wagner qué decir. El Arcipreste de Hita, el Marqués de Santillana, fascistas. Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Leopoldo Panero, fascistas. Joaquín Amigo, Javier Zubiri, Carmen Martín Gaite, Valente, Gimferrer, Cela y Delibes, fascistas.Martín-Santos, Torrente Ballester, Caballero Bonald, Carnmen Laforet, Sánchez Ferlosio y otros, colaboradores del franquismo, fascistas. Las doce tribus de fascistas eran.

Defendiendo tu cultura, tu identidad, tu patria, tu matria, tu abuela, antepasados, costumbres, tradiciones, idioma, bailes, folclore….eres un fascista. Si no te avergüenza tu Historia, si no reniegas de tus raíces....fascistón.

¿No te gustan las espinacas? Las espinacas son fascistas. El jarabe antitusivo es fascista. Los fascistas son fascistas. Y los antifascistas. Tú eres un fascista. Vosotros sois fascistas. Nosotros somos fascistas. Ellos son fascistas.

"Al fascismo no se le discute, se le combate”. Ahí , ahí le han dao. ¿Para qué vamos a debatir o argumentar si lo podemos arreglar a golpes? Los mismos que afirman que “el fascismo se cura leyendo”, en su vida leerán o aprehenderán la esencia de la obra de Ezra Pound, Manuel Machado, Luis Felipe Vivanco, Vintila Horia, Julius Evola, René Guénon, Oswald Spengler, Pierre Drieu La Rochelle, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Sánchez Mazas, Yukio Mishima, Brasillach, Tolkien, Chesterton, Konrad Lorenz, Schopenhauer, Nietzsche, Gabriele D´Annunzio, Marinetti, Moeller, Celine, Heidegger, Weininger, Curzio Malaparte, García Serrano, Giménez Caballero, Eugenio D´Ors, Ortega y Gasset, Von Salomon, Fichte, Ramiro de Maeztu, Muñoz Seca, Teilhard de Chardin, López Aranguren, Vázquez de Mella, Agustín de Foxá, Rudolf Allers, Guillaume Faye, Pemán, Alfonso Paso, etc etc etc. Todos ellos, por uno u otro motivo, claramente fascistas o filofascistas (catolicazos, nacionalistas y /o cosas peores).

Así que, cuando quiera terminar toda discusión con la satisfacción de la superioridad moral, ya lo sabe: llame fascista a su oponente. O en su defecto, machista, o racista. Y arreglado. Usted siempre tendrá la razón.


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MALDITOS ENTRE LOS OLVIDADOS
FALANGISTAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO ETARRA

http://www.diarioya.es/content/falangistas-v%C3%ADctimas-del-terrorismo-etarra

Fernando José Vaquero Oroquieta
 
La asociación Falange/violencia política suele circunscribirse, por los historiadores, casi exclusivamente a la sufrida a lo largo de la Segunda República española; período en el que nace esta formación y en el que se desenvuelve casi toda su vida política.
La trágica guerra civil subsiguiente, que acabó con el experimento republicano, también puso término a la organización Falange Española de las JONS, formalmente suprimida con el Decreto de Unificación de 19 de abril de 1937 en la pseudo-totalitaria estructura Falange Española Tradicionalista y de las JONS –posteriormente denominada Movimiento Nacional- en la que se encuadraron unos pocos miles de supervivientes de la falange anterior a la guerra, privados además de casi todos sus líderes, y desbordados por otros cientos de miles procedentes de los antiguos partidos derechistas, oportunistas de todo pelaje, fascistizantes frívolos y sin escrúpulos…
Casi cuatro décadas después, diversas organizaciones se reclamaban herederas de la originaria Falange, enzarzándose en estéril batalla en pos de los títulos de la legitimidad, la ortodoxia y las mismísimas siglas fundacionales. Una cuestión irresuelta, ¡todavía hoy!; no en vano, al menos tres pequeñas agrupaciones recogen en su denominación tal referencia.
Una de esas organizaciones, en cierta medida identificada con el Movimiento Nacional, se legalizaría bajo el histórico nombre de Falange Española de las JONS, manteniéndose hasta hoy día. Diferenciada de las otras “falanges” con el adjetivo de “histórica” o “raimundista”, de su franco-falangismo primigenio, y encabezada por Raimundo Fernández Cuesta, hasta la actual liderada por Norberto Pico Sanabria, han sido muchas las vicisitudes sufridas, así como los cambios tácticos experimentados incluso por lo que respecta a tan discutidas referencias tardofranquistas.
Puede afirmarse, con seguridad, que la más numerosa de esas organizaciones, que se reclamaban como legítimas y directas herederas de la original, fue –lo es hoy- la que ha detentado tal denominación a lo largo de este reciente periodo de la historia de España. No obstante, además del baile de militantes de unas a otras organizaciones más o menos afines –practicado con fruición en un sinfín de escisiones, expulsiones, abandonos, etc., tan característico en ese ambiente- contingentes no tan numerosos, como voluntariosos, militaron en las otras organizaciones azules.
 
En este confuso contexto, de coexistencia de varias “falanges”, se desarrolló un triste y casi olvidado episodio: la persecución etarra/terrorista de los falangistas; y no decimos de “la Falange”, pues en puridad de conceptos, y aún reconociendo que la inmensa mayoría de esas víctimas militaban en la organización de Fernández Cuesta, ¿cómo reconocer como legítima a ninguna de esas facciones, excluyendo a todas las demás, salvo recuperando y tomando partido en tan esotérica confrontación interna?
En un intento de salvar tan injusta desmemoria, fruto en gran medida de los prejuicios y complejos de la vida pública española, y en homenaje al sufrimiento de estos desconocidos “caídos” del falangismo actual, acaba de ser editado el libro Víctimas del silencio. El acoso de ETA a la Falange durante los Años de Plomo (Iván García Vázquez, prólogo de Miguel Argaya Roya, Glyphos Publicaciones, Valladolid, 2012, 168 páginas).
Ciertamente, la adopción de un criterio delimitador de los sujetos del estudio se presenta como una cuestión delicada en todo caso. ¿Únicamente falangistas con carnet de FE de las JONS?, ¿y los afiliados a las otras “falanges”?, ¿y los falangistas sin adscripción?, ¿y los simpatizantes que también lo eran de grupos no azules?, ¿y los franquistas no adscritos a grupo alguno que un día militaron en el Movimiento Nacional? ¿Dónde trazar la línea roja?
 
Como punto de partida, el joven autor asume como criterio metodológico fundamental, aunque no sea materia pacífica según veíamos, la adscripción material y personal de las víctimas a la organización Falange Española de las JONS; por lo que deja fuera a posibles objetivos terroristas que militaron en otras, tales como Falange Española de las JONS (Auténtica), Partido Nacional Sindicalista - Círculos José Antonio, Falange Española (independiente), y otros grupos menores.
Transcurridas varias décadas desde su asesinato, es muy difícil aproximarse a la subjetividad de aquellas personas, cuando –acaso- incluso sus más próximos ignoraban o desconocían los matices que pudieran haberlos incluido en una u otra categoría. Si la aplicación de un “falangistómetro” siempre ha sido cuestión problemática desde una perspectiva “interna”, en este contexto de muerte y extrema violencia contra los más elementales derechos humanos, se antoja artificiosa; no obstante, el autor tenía que establecer un criterio estructural para su trabajo, salvo que el intento careciera de rigor.
Pero, aunque el autor ha establecido como criterio formal el de “falangista con carnet de FE de las JONS”, también incluye algunas excepciones al mismo. Es el caso de la primera mujer policía asesinada por ETA, María José García Sánchez, hija de un militante de la organización. Acaso se justifique esta excepción como un intento, por parte del autor, de visibilizar el dolor y sufrimiento que el terrorismo generó entre personas de toda clase y condición, incluidos los falangistas; también golpeados cruel e imprevisiblemente.
Ya se deba a la aplicación de ese criterio formal, o a la no disposición de otras fuentes documentales y/o testimoniales de la época, echamos de menos en este libro la referencia a otras víctimas de filiación falangista, en una modalidad u otra, a las que el terrorismo arrebató la vida. Pensamos, por ejemplo, en el guardia civil Ángel Antonio Rivera Navarrón, asesinado en Guernica el 8 de octubre de 1977, vinculado al Círculo Cultural Hispánico, organización netamente falangista de la capital catalana, que así lo recogió en su boletín mensual Nº 18, correspondiente a diciembre de 1997 en reflexivo y contenido homenaje.
Desde la perspectiva de un nivel de práctica terrorista de inferior perfil al referenciado, tampoco se recogen en el libro los diversos incidentes callejeros sufridos por militantes de FE de las JONS y otras organizaciones falangistas, con motivo de la instalación de puestos de propaganda en Bilbao, Pamplona, Vitoria…, agresiones individuales, ataques a equipos de propaganda, tales como colocación de carteles y pegatinas, elaboración de pintadas y murales, etc. Tales agresiones difícilmente pueden ser calificadas como atentados terroristas, salvo que trajéramos a colación el concepto y táctica –algo posterior en el tiempo- de “kale borroka”. Coadyuvantes, en todo caso a los atentados terroristas stricto sensu, tales acciones contribuyeron a la anulación de esos grupos azules; caracterizados por una notable precariedad de medios, pero adornados, eso sí, de las virtudes propias de la militancia falangista más clásica: la capacidad de sacrificio, el ejercicio de la obediencia, la voluntad de servicio, la fidelidad a los principios. Para su cómputo y narración sería imprescindible una investigación testimonial a cargo de sus protagonistas, muchos de ellos ya residentes fuera del País Vasco y Navarra, y alejados de tales organizaciones en su inmensa mayoría. Una labor compleja, ciertamente. Aunque escasamente documentados por los medios de comunicación de la época, fueron muchos los incidentes de esas características. Mencionaremos, a título de ejemplo, la agresión que sufrieron unos militantes de Falanges Juveniles de España y Falange Española (independiente) por los integrantes de una manifestación mientras voceaban periódicos falangistas en una céntrica calle de la ciudad, en Pamplona, según reseñó al día siguiente la Hoja del lunes del 24 de marzo de 1980 y el martes Diario de Navarra, Deia, El pensamiento navarro, Egin y La Gaceta del Norte; tratamiento informativo que evidencia que el incidente alcanzó no poca relevancia en la capital foral.
La vida cotidiana resulto muy difícil en aquellos años para esas decenas de militantes falangistas, en general adolescentes y jóvenes, que mantuvieron erguida la bandera rojinegra en el País Vasco y Navarra. Inmersos en un clima asfixiante dominado por la izquierda abertzale, juzgados por el perverso y extendido “algo habrá hecho”, contemplados con indiferencia o temor por sus vecinos, se enfrentaron a unas dificultades inverosímiles para la inmensa mayoría de sus correligionarios, quienes podían vivir la militancia en unas circunstancias menos amargas. Marginados entre los propios perseguidos por el terrorismo y sus cómplices, en ocasiones con unos padres desconocedores de su militancia o aterrorizados por las temidas consecuencias que de ella podían derivarse, vivieron durante unos años vitales con una espada de Damocles pendiendo sobre sus existencias y condicionándolas: en sus estudios y trabajos, su espectro de relaciones sociales, sus afectos personales…
Ocasionalmente, militantes de otras regiones acudían a mítines celebrados en Bilbao y otras localidades¸ en actitudes no pocas veces tan provocadoras como excéntricas... Pero finalizadas tan gloriosas jornadas, regresaban a sus lugares de origen, dejando huérfanos de apoyos a sus correligionarios vascos y navarros, con sus miedos, temores y... su soledad.
 
Por ello, a quienes vivieron en ese contexto, puede causar cierto asombro que el autor haya dedicado un capítulo a algunas de las implicaciones vividas por el que fuera Jefe Nacional, Diego Márquez Horrillo, en su calidad de presunto objeto terrorista. Ante el drama del holocausto supremo de unos cuantos militantes falangistas, y el temor cotidiano de quienes sobrevivieron a gravísimos atentados terroristas o a una vida casi imposible por un cierto tiempo, las peripecias narradas por el citado no superan la categoría de anécdota que casi nada aporta. Mejor servicio hubiera prestado explicando, por ejemplo, por qué se ha privado, desde su propia organización, de homenajes y honores a los camaradas caídos. Puede entenderse esa indiferencia desde trincheras ajenas; no es comprensible desde la “Santa Hermandad de la Falange”. Tal vez explique tal incongruencia el prologuista del texto, al afirmar que “… duele, en fin, que la memoria de esos militantes y concejales falangistas haya pasado todos estos años relegada incluso por sus mismos camaradas, seguramente embebidos en esas guerras internas y esa avidez conspirativa que tanto les atraen” (página 9). Acaso, el ejemplo de los antiguos camaradas de Juan Ignacio González -persona de convicciones falangistas, secretario nacional del Frente de la Juventud asesinado en Madrid el 12 de diciembre de 1980 en un atentado todavía no resuelto- en sus servicios de homenaje a su memoria, pudiera señalar un buen ejemplo a seguir por los actuales falangistas.
En otro orden de cosas, causa asombro el empleo por el autor, y en varias ocasiones, del término “ejecutar”, en lugar del más correcto “asesinar”, al referirse a atentados terroristas que causaron la muerte de sus víctimas. El término “ejecutar” forma parte notoria de ese empleo perverso del lenguaje del que han hecho gala los terroristas, sus cómplices y tantos medios de comunicación perezosos o complacientes durante décadas: en lugar de hablar de un asesinato se referían al mismo calificándolo de “ejecución”. Así, la valoración moral implícita al concepto “asesinato” no sólo se anulaba mediante el empleo del término “ejecución”, sino que a sus autores se les arrogaban funciones semiestatales, elevándolos de categoría, tanto en la naturaleza de la acción, como de la moral. Esta táctica, otra más desplegada desde las multiformes factorías del terrorismo, ha sido progresivamente denunciada desde el entorno de las asociaciones de víctimas del terrorismo, así como por parte de algunos intelectuales, prematura o tardíamente incorporados a tan estimable misión, en un debate que profundiza en las raíces morales del terrorismo y de la propia sociedad que lo sufre.
Respecto a la parte gráfica del libro, debemos calificarla de irregular. Sin duda el autor ha realizado un notable esfuerzo. Pero algunas fotografías, que resultan de gran interés, apenas presentan un tamaño de 2’7 x 4’2 cm., lo que dificulta su visualización. Las fotografías actuales de los lugares donde algunos comandos de ETA se escondieron en Madrid, en un tiempo determinado, mantienen un interés muy secundario; mayor atractivo presentaría, por ejemplo, de tratarse de los lugares donde se consumaron los atentados, o donde reposan los restos de los caídos, en su caso. De las reconstrucciones infográficas de los atentados, que ocupan cinco páginas, es de justicia calificarlas de magníficas.
No por todo ello deben sacarse conclusiones negativas: el libro, debe afirmarse con rotundidad, era necesario, pues afronta una cuestión “maldita”: la de los marginados entre los olvidados. Si era duro ser guardia civil o policía nacional en los “años de plomo”, no era mejor cosa ser acusado de “chivato” o “ultraderechista” por los terroristas y sus cómplices. Por ello es un libro valiente y bien orientado en general, tanto en su metodología, como en el tratamiento de la información recogida. Pero, en aras de la objetividad histórica y de un ejercicio razonable de memoria colectiva, se precisaría de un estudio más completo; acaso enmarcado en el concepto más amplio de violencia política, que engloba el de terrorismo.
En ese sentido, el propio libro marca esa necesaria línea futura, al partir del asesinato del falangista Ramiro Figueroa Ruiz en Valdemoro, por un militante del Partido Comunista de España, el 9 de mayo de 1977; lo que a priori se excluiría desde los límites formales del estudio. Y también refuerza esa línea con el tratamiento de diversos aspectos biográficos de las víctimas, la evolución de sus familiares directos, homenajes que desde cualquier instancia recibieran años después, el tratamiento penal de los terroristas…
Esa voluntad de afrontar la cuestión en su globalidad, si bien no consumada en su actual expresión, se evidencia de nuevo al investigar el capítulo de los atentados contra locales falangistas; táctica de “tierra quemada” desatada contra falangistas y otras presencias “españolas” que los terroristas entendieron incompatibles con su proyecto totalitario. Si bien trata especialmente el caso del atentado con explosivos contra el local falangista de Santoña (Cantabria) el 7 de marzo de 2006, se remonta en su estudio al asalto que sufriera la modesta sede de Falange Española (independiente) de Pamplona en 1978. Asimilable en su materialidad a lo que hoy conocemos como fenómeno de las bajeras juveniles, estuvo ubicada durante casi cuatro años en el bajo de un edificio ya desaparecido de la calle Río Cidacos del barrio de La Milagrosa; circunstancia que, aunque conocida por no pocas personas, se mantenía en una extrema discreción que lindaba en la clandestinidad impuesta por esa realidad hostil a la que antes nos hemos aproximado.
Víctimas del silencio. El acoso de ETA a la Falange durante los Años de Plomo, establece, pues, los vectores imprescindibles de una investigación más amplia que precisa el sano e imprescindible ejercicio de memoria histórica falangista y, por ende, pese a quien pese, española.

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Véase abajo el blog enlazado  ÁRBOL SOCIALDEMÓCRATA, ilustrado a base de citas del comunista Gramsci y emborrándose con la jerigonza de Stalin, como si la violencia comunista la hubiera inventado ETA, no los correligionarios de Gramsci -y en nombre, precisamente, de los mismos ídolos que invoca el autor, a saber, "la felicidad, el bienestar, el progreso":

http://arbolsocialdemocrata.blogspot.com.es/2008/05/eta-es-fascista.html

ETA es fascista. No me cansaré de repetirlo las veces que haga falta. Como dijo la hija de Isaías Carrasco: son unos hijos de puta. Y no nos vamos a rendir.

Han atentado, han asesinado a una persona inocente, han herido a más personas inocentes. Los terroristas no entienden ya de ideología y se han convertido en unos perros sarnosos ávidos de matar, de imponer su ilógica creencia en una nación inexistente a base del tiro por la nuca y de explotar coches bomba.

No hay más conflicto político que el que crean ellos. El que crean queriendo destruir la libertad de los vascos, el que crean queriendo asesinar a los vascos y resto de españoles que no acceden a sus métodos, el que crean mintiendo y estafando.

Han tenido la oportunidad de redimirse, de dejar las pistolas y sus bombas, de enfrentar sus teorías electoralmente a la sociedad… pero no aman la libertad, la desprecian; no aman a Euskadi, la manipulan; no son libertadores, son asesinos.

Deben entender que los vascos están cansados de sus crímenes, como también lo están de planes y planes de soberanía irreales que no resuelven sus problemas: el ir proclamando que Euskadi es una gran nación milenaria frente a España, aparte de no tener ningún apoyo histórico, no da automáticamente la felicidad, el bienestar o el progreso. Felicidad, bienestar y progreso lo da la paz, el desarrollo, los actos, la convivencia y la unidad en un Estado integral abierto; no en un Estado diminuto, pseudobalcánico, nacionalista, xenófobo y ombliguista. ¿Quieren ser la España gris de la Restauración en pleno siglo XXI?

No, los vascos están hartos. Todos los españoles estamos hartos, y todos decimos un

ETA NO
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El antifascismo mimético de la víctima que olvida tanto a los falangistas asesinados como a todas las víctimas del comunismo -!!!cien millones!!!- acusadas de "fascistas" por gentes de la misma calaña que los etarras. Para ella sólo existen los malos y ha absorbido del entorno propagandístico oligárquico (gracias a gentes como Juaristi, Savater, Albiac, Losantos y otros) que los malos son los "fascistas", a pesar de que con esa etiqueta liquida de un plumazo cualquier forma de inteligencia y de justicia. Esto es lo que debe de entenderse en España por "Educación para la Ciudadanía", a saber, el lavado de cerebro sistemático. Si nuestra democracia es un estercolero, no crean que se debe a la corrupción. La corrupción es efecto, no causa. La putrefacción arranca de muy hondo, de la impostura fundamental que supone la traición a la simple y oronda verdad. El primer crimen es siempre contra la verdad. Y la democracia liberal actual, para servir al delirio sionista, en lugar de restaurar los derechos de la verdad, ha continuado precipitándose por la pendiente de abyección intelectual que Stalin forjara en los juicios de Moscú.
 
 
"El nuevo fascismo en España es ETA"

Ni los cigarrillos que consume atropelladamente; ni el nervioso manoseo de la pulsera y los pendientes del osito tous que le regaló su marido; ni el zumo de piña con el que enjuaga su castigada garganta oraje frente a los «malos», le sirven de bálsamo a la mujer del dolor tatuado en la cara. Paqui Hernández (44 años y de ellos 26 casada con la última víctima de ETA), acompañada de su cuñado, el hermano chico de Eduardo, no aguarda a la primera pregunta:
-Nos han partido la vida pero no van a conseguir nada más. Han dejado a dos huérfanos y a una viuda, pero en la manifestación ya se vio que no estábamos solos...
-¿Reconfortada al ver que hay mucha gente que piensa como usted?
-Claro que sí. No sé cuántos son los malos, pero lo que es cierto es que tienen acojonada a la mayoría de esta sociedad.
-A usted ya se ha visto que no...
-A mí ya me tuvieron callada cuando mi marido era policía y yo no podía gritarlo a los cuatro vientos por miedo. Ahora ya no me calla nadie.
-¿Ni las voces que se han oído cercanas al PNV solicitando el silencio de las viudas?
-¿Qué es eso de que las viudas nos callemos? A mí ya no me calla nadie. Y voy a seguir diciendo que los presos no son políticos, son asesinos. Lo que dicen es una mentira, una mentira cochina.
-¿Estará satisfecha de que el nuevo Gobierno vasco haya cambiado las reglas del juego de las que se beneficiaban los presos?
-Claro, porque ¿a mí me van a dar dinero para ir a ver a mi marido? ¿A dónde voy a ir a visitarle?
-¿Hubo quien habló de que las familias de los presos se podían ofender con su discurso?
-Sí, lo leí. ¿Y la familia de mi marido no puede ofenderse? ¿O es que aquí hay gente de primera y de segunda?
-Hay que felicitarse por las últimas detenciones de etarras...
-Sí pero no eran los de Edu...
-Pero caerán, ¿no lo cree?
-Claro que sí. Para esta gentuza esto es un forma de vida. Quieren libertad para dialogar, pero no hay nada que hablar con ellos... Josu, a lo mejor no tenía que decirlo, pero lo voy a decir [Su cuñado la escucha y la invita a decir lo que quiera...] -Pues mire, en la época de Franco no podíamos decir si éramos azules o rojos. Pero hace ya más de treinta años que murió ese señor y los de ETA son lo dignos herederos del fascismo. El nuevo fascismo en España es ETA.
Josu Puelles se congratula de los cambios en el Gobierno vasco, del nuevo aire que ha entrado en Ajuria Enea de la mano de socialistas y populares, y lo subraya:
-Los nacionalistas ya no pintan nada y se han dado cuenta de que aquí puede haber otra gente gobernando.
-¿Le sorprendió, por ejemplo, la cobertura de la televisión vasca, por primera vez emitiendo los funerales de un policía nacional asesinato por ETA?
-Sí, mucho. Era la primera vez que se daba cobertura a un hecho así, y con el lazo negro. Antes te ponían una película de vaqueros y estabas servido.
-¿Lo comentó con Urkullu durante la capilla ardiente?
-Sí. Le dije cuando me dio el pésame que «ustedes han gobernado durante muchos años con el apoyo de un partido no democrático, que defiende la violencia».
-¿Y qué le respondió?
-Nada.
-¿E Ibarretxe?
-Calló.
La esposa de la última víctima de ETA repasa, con dificultad, la nómina de aquellos que la acompañaron en el dolor.

-¿Qué le pareció el comportamiento de Patxi López?
-Es un señor.
-¿Qué le dijo Zapatero?
-Me transmitió su ánimo.
-¿Y Rajoy?
-Me aseguró que sí se podía terminar con ellos.
-¿Sintió cercanos a los Príncipes de Asturias?
-Claro. Creo que para ellos estas cosas no son un plato de gusto. No conocían a mi marido pero si tienen buen corazón lo tienen que sentir. Este es su país. Me sentí muy bien por mi marido. Creo que Edu se merecía eso.
Tanto Paqui como Josu huyen de los victimarios:
-Eduardo no es una víctima, tal y como ellos quieren. Eduardo es un héroe. Eduardo es un gudari.

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El antifascismo consciente de un referente intelectual y cívico de las víctimas:

http://elpais.com/diario/2001/03/10/espana/984178813_850215.html

FERNANDO SAVATER: "EL FASCISMO QUE HAY QUE CONDENAR ES EL DEL NACIONALISMO RADICAL Y NO EL DEL 36"

El candidato a lehendakari de los socialistas eligió ayer un báculo de lujo para apoyar la presentación de su propuesta de libertad para Euskadi: Fernando Savater, un hombre con 'inteligencia, coraje, claridad, coherencia y, sobre todo, perseverancia', según Redondo.
El filósofo guipuzcoano no defraudó a las personas que apoyaron ayer al líder del PSE. Con su verbo incisivo, fue el único capaz de arrancar la carcajada entre la audiencia a la vez que hundía el cuchillo hasta el fondo en la barra de pan cocinada por los nacionalistas en los hornos soberanistas de Estella. Empezó recordando al ertzaina asesinado al apuntar: 'Ésta es la realidad contra la que estamos luchando'. Por eso censuró las discusiones sobre la condena del alzamiento franquista: 'El fascismo que hay que condenar es el que estamos padeciendo ahora, el del nacionalismo radical, y no lo del 36'.
Y dedicó buena parte de su intervención a intentar desmontar las 'falsificaciones' del discurso del nacionalismo y del lehendakari, Juan José Ibarretxe. Por ejemplo, criticó a Xabier Arzalluz por decir: 'Nos traen la guerra y nosotros no tenemos armas', al tiempo que recordaba los 1.600 kilos de explosivo robados en Grenoble por un comando de ETA. 'Hay un nacionalismo, el vigente, el que controla, que está sirviendo de apoyo al nacionalismo étnico y a la violencia', comentó. Savater negó también la mayor al lehendakari cuando se refiere al mundo de EH para pedirle que abandone la convivencia con los violentos porque todos los discursos son válidos en democracia si se expresan por vías pacíficas. 'No es verdad, porque los objetivos de ETA son totalitarios, no son democráticos y sólo se pueden imponer por el terror. Y ETA lo sabe y por eso asesina', dijo. 'Lo que debería preguntarse el lehendakari es qué hacemos nosotros en compañía de esos señores', en alusión a EH.
Savater negó también que los candidatos del PP y del PSE no quieran acercarse a la gente y tener un trato directo en esta campaña. El problema, según el escritor, es que no pueden trasladar su mensaje libremente en la calle por el clima de amenazas. 'Es que a veces parecen McArthur desembarcando en Okinawa y no son la invasión, son los amenazados de muerte', subrayó. A juicio del portavoz de la plataforma ¡Basta Ya!, las elecciones vascas van a dar la posibilidad a los ciudadanos de 'unirse' al pacto contra ETA suscrito entre PP-PSOE, acuerdo que es la 'razonabilidad democrática en el País Vasco'. Y reiteró que hay una 'posibilidad real' de derrotar al PNV.